miércoles, 29 de diciembre de 2010

Y volver a empezar


Al sur del sur (O al norte, según se mire). Casi sin tiempo de reacción, como suelen ocurrirme a mí las cosas.
De una punta a otra. Recién llegada a la África española en la búsqueda de mi alma de periodista.
Estoy expectante y emocionada. Por un lado, mi primer contrato laboral como periodista después de una buena retahíla de prácticas, becas y colaboraciones. Por otro lado, un lugar peculiar, Ceuta, que me mal vendieron como un rincón feo y desamparado y que en los tres días que llevo me está sorprendiendo con su multiculturalismo y sus diversas perspectivas.

Cuando hoy, tercer día de trabajo, llegué a la redacción a las diez y media de la mañana, los pocos que andaban por allí me miraron con cara de espanto. ¿Qué haces aquí? Vete a buscar noticias. Y yo me acordé de aquella charla que nos dio en el máster David Beriain en la que nos hablaba de un periodismo que yo pensé que ya no existía. 
Pero aquí estoy. En un periódico en el que los redactores no tenemos acceso a los teletipos ni a las agencias y las noticias deben cazarse en la calle. Eso conlleva, claro, a la posibilidad de caer en la tentación de que todo pueda ser noticiable. Pero ahí está el olfato, el ojo periodístico, que sepa separar la paja del grano.
Sin renunciar a la calidad. Tengo muy claro de cara a esta nueva etapa que da lo mismo que el lector sea internacional, nacional o local. No dejaré de mirar atrás para no olvidar nunca todo lo que hemos aprendido. La calidad que me exigían con tachones de bolígrafos rojos o con e-mails despedazadores.

Me hacía falta volver. Echarme a los leones, dejarme explotar con horarios abusivos. Espabilarme. Necesito recordar por qué un día decidí que vendería mi alma al diablo del periodismo pero no por ello renunciaría a mis principios. Eso nunca. 
Necesito demostrarme que estoy a la altura de la pasión que irradian los periodistas que admiro, la que compartí con algunos profesores, con la que vi pelear a algunos compañeros.
Recién legada a El pueblo de Ceuta y dispuesta a darlo todo, a absórbelo todo, a aprender y a amar.

De Clark Kent a Mary Poppins 24: The End


Casi sin tiempo de despedidas. Bueno, según se mire. Porque la última semana no hicimos otra cosa que despedirnos. De todos, de cada uno.
Después, un vuelo rápido. Bueno, también más o menos… Según se mire.
El viaje programado a Belfast se convirtió en un “atrapados en la nieve”. Tendremos que dejarlo para la próxima, para cuando dentro de diez años volvamos a Kinsale a ver a nuestros niños convertidos en adolescentes.
Gia no sabía que me marchaba. Al día siguiente, me buscaría por la habitación de la au pair gritando Sha Sha; según ella, mi nombre. Harry sí sabía que era mi último día y no me soltaba, me dio un abrazo eterno de esos que solo saben dar los niños.

La despedida fue blanca, como la blanca Navidad. El jeep, nuestro jeep, nos regaló un último pasaje a través de la nieve. Después, tren de Cork a Dublín, cortesía de Morgan. Y avión a Faro. Esa noche, Cristina y yo estábamos cenando en su casa, como tantas otras. Y es que sin ella, nada aquí hubiese sido lo mismo. Me costó despedirnos. Irlanda nos esperó y ahora es nuestra. De las dos. Compartida como un par de calcetines desparejados que supieron encontrarse.

The End. Tres meses en los que acabé convertida en Cenicienta, pero en los que disfruté mucho.
Después de ésta, o mi instinto maternal quedaba castrado o me entraban unas ganas inmensas de ser madre. Y me da que es lo segundo. Claro que mi instinto maternal siempre estuvo muy marcado.
Y el inglés, ese constante enemigo. Que le diría a Moli. No hay que olvidar que en tres meses no se le pueden sacar peras al olmo… Pero teniendo eso en cuenta, estoy contenta con los resultados. Y hacer mis primeras entrevistas en inglés no tiene precio. (Reportaje pendiente, por cierto). Que una estaba disfrazada de Mary Poppins pero cuando hacía falta podía enfundarse el traje de Clark Kent.
See you soon...

viernes, 17 de diciembre de 2010

De Clark Kent a Mary Poppins 23: The last day.


Ya lo dijo Mary Poppins:
You’re never too old to go fly a kite.

Mi última noche, mi último día...

Regalos de despedida y un abrazo infinito del renacuajo.
Mañana más. Mañana, the last day.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

De Clark Kent a Mary Poppins 22: Hasta siempre


Hace unos días, Carolyne tuvo que ir a un entierro.
A la vuelta, Cristina, esperando recibir una respuesta acorde a un funeral, le preguntó que qué tal había ido. Pero para su sorpresa, Carolyne le respondió: "Estupendamente, me lo he pasado muy bien". 
Ante la cara de asombro de Cristina, la mujer le explicó algo sobre la cultura irlandesa: ellos tienen un modo diferente de afrontar la muerte.
Cuando alguien fallece, la familia vela al cuerpo en casa y todos los amigos los visitan. Mientras se bebe y se brinda, van, entre todos, recordando y relatando anécdotas del fallecido. A más cervezas, más recuerdos florecen. Hay velatorios que duran hasta tres días, convirtiéndose en una gran fiesta en la que, normalmente, hay más risas que llantos. 
La muerte recibida de la forma más natural, al fin y al cabo, la muerte es la única certeza que tenemos en la vida. 

Esta noche soy yo la que, como los irlandeses, brinda recordándote. Cuando llegues, no te asustes del perro que está en las faldas de tu hermana. Es muy bueno. Y a ella, dale un beso muy grande de mi parte. Algún día, seguro, nos volveremos a encontrar.

lunes, 13 de diciembre de 2010

De Clark Kent a Mary Poppins 21: Spanish party


Si aquí en Irlanda, esto se estilaba o no, no lo sabíamos, pero qué mejor despedida que juntarlos a todos. A todos con los que, de un modo u otro, hemos convivido y compartido estos tres meses en Kinsale. 

Así que anteayer, nuestro último sábado en familia, Cristina y yo organizamos una "Spanish party". 

Carolyne (la madre de una de las dos familias de Cristina) ponía la casa y pagaba los ingredientes...
(Ay, que hubiese sido de nosotras estos tres meses sin Carolyne, sin su casa y sin su jeep). 
La cita era a la una del mediodía, y ésta la lista de invitados:


Niños: 
- Los de Carolyne: Momo, Cuby y Charli, de entre 5 años y 1. 
- Los de Jackie: Nuestra benjamina Kiki, de 9 meses, y su hermana Mai, de 3 años.
- Los de mi familia: Harry y Gia (al final los voy a echar de menos y todo...)
- Los de familias amigas: Holly y Alex, de un año ambos. 
Si no me he comido a ninguno, 9 niños. A los que hay que añadir dos adolescentes. Encantadores, por cierto.
En total, 11 niños.

Adultos:
Las tres familias, más las dos inquilinas de Jackie, más la familia italiana, más la madre de Holly, más la madre de los dos adolescentes, más nosotras... 
En total, 11 adultos. 

Vamos, 23 PERSONAS (no, Cris?)  

EL MENÚ: 
Salmorejo, huevos rellenos, tortilla... y el plato estrella: Paella.
De beber, ponche. 

Un lunch festivo que resultó todo un éxito. La gente se lo pasó muy bien y pasamos un día en familia muy, pero que muy agradable. 


miércoles, 8 de diciembre de 2010

De Clark Kent a Mary Poppins 20: Trenes infantiles


Anda dando saltitos. Es tan rubio como el trigo. Siempre digo que prefiero a la niña. Pero a veces él hace algo que te deja embobada. Relamiéndote en el sabor dulce pero ácido de los pasteles de manzana que cocinan aquí. Pensando en aquella frase que alguien colocó el otro día en un escaparate: "La Navidad y la infancia no son épocas, son un estado mental". La inocencia, la sinceridad, la ilusión, la espontaneidad.

Hay pasiones que solo pueden vivirse con la intensidad con la que la comprenden los niños. Y la de Harry es los trenes. Quizás porque nunca se ha montado en uno. Y el todo por descubrir, aupado por la imaginación, es más potente que cualquier realidad. Su madre me había dicho: "A este niño le encantan los trenes".
Pero una no puede imaginarse hasta qué punto. No puede hasta que un día se lo lleva a ver una exposición de maquetas y el niño corre y corre, no con una sonrisa, sino con una risa nerviosa y juguetona que le impide concentrarse en lo que ve... "Look, look, look". Es lo único que alcanza a decir. Corre, vuelve, persigue los pequeños trenes en miniatura que se reparten por una ciudad también en miniatura. Y me mira. Y me dice lo lovely que es ese lugar.
Esa misma risa frágil y emocionada se apoderó de él ayer. Mi madre me había enviado un power point con fotos de trenes para que se lo enseñara al niño. Sus cinco años se le salían del cuerpo al ver las fotos. Y saltaba, no a pequeños saltitos como cuando anda, sino a grandes saltos de emoción. Pena que cuando somos adultos nos olvidemos de saltar al celebrar las emociones.
Hoy, en una ociosa mañana sin colegio, se ha puesto dibujar. "¿Qué dibujas?", le he preguntado. "Un tren -me ha contestado- para tu madre".

viernes, 3 de diciembre de 2010

De Clark Kent a Mary Poppins 19: Y después de la nieve... Llega el hielo


Qué semana más, más, más larga. 
Que sí, que la nieve es muy bonita y la blanca Navidad, muy blanca... mensajera de paz y de puro amor. 
El lunes uno se despierta y ve todo Sandycove white, white y le hace ilusión. Menos cuando eso significa que al cole de Harry es imposible llegar y que tienes que entretener al niño toda la mañana. Pero bueno, que si haces un muñeco de nieve, que si una guerra de bolas... Te congelas, pero la mañana pasa y te has echado unas risas.
Cuando el martes vuelve a amanecer nevado y tienes al niño, otra vez, todo el día en casa, te desesperas un poco pero lo sobrellevas: que si haces una tarta (total, más de lo que has engordado ya no puedes engordar.. o sí?), que si le pones la peli Cars por décima vez, que si le propones algún juego del que se cansará a los cinco minutos... En fin. 
El miércoles ya estás que te subes por las paredes. Llevas tres días sin salir de casa y la nieve te sale por las orejas. Qué hartura. Y qué frío, que se están alcanzando temperaturas inferiores a los menos 10 grados y las noticias dicen que viajes a cualquier lugar, excepto a Irlanda (Muy listos, claro, ¿pero qué haces si ya estás aquí?). Pues nada. No te queda otra que contar las horas...
Llega el jueves y dices: ¡Paso de la nieve! Si no puedo coger el coche, me planto las botas y salgo de este campo aunque sea en trineo. 
Y así lo haces. O lo intentas. No lo del trineo, sino lo de las botas. Coges el coche capota de la niña, la enfundas en los sacos mas abrigados que tenga y la metes dentro. Vistes al niño, le plantas los pantalones de esquiar, los guantes, el gorro, la bufanda, el abrigo y las botas. Y te atavías a ti misma de igual modo. Aquí no va a pasar frío nadie. Y además, la nieve parece que se está derritiendo. Eso será buena señal, no? 
Y sí, derretida está. Ahora el campo que rodea tu casa es una pista de patinaje que me río yo de la que montaban en el centro comercial de al lado de mi casa. No has andado ni tres metros y el niño ya se te ha resbalado 25 veces con sus respectivos 25 llantos. Y el carrito coge más velocidad que el coche de Fernando Alonso. De estas nos caemos al océano en la curva sin necesidad de estrellarnos con el coche. 
Nada, que no hay forma. De vuelta al convento. 
El viernes ya ni miras por la ventana. Total, ya sabes de qué color está todo ahí fuera. Y los patines te los dejaste en España. 

AVISO: Este fin de semana salgo de esta casa, aunque sea en helicóptero. 

martes, 30 de noviembre de 2010

De Clark Kent a Mary Poppins 18: Carreteras en Irlanda


Texto escrito por Cristina Tierra Burguillo 






Tengo que mirar la fotografía para inspirarme. 
Aunque haya recorrido kilómetros y kilómetros por tierras irlandesas con “mi Jeep”, todavía se me hace difícil pensar que unas carreteras tan estrechas (tanto como las que uno se encuentra, por ejemplo, en la Sierra de Huelva) sean aquí Carreteras Nacionales. 
Carreteras en las que, por supuesto, se puede conducir a 80 o incluso a 100 kilómetros por hora. 
No cabe duda que hay que tener buenos reflejos para frenar o esquivar, en el último momento, el coche que se acerca por el carril contrario a la misma velocidad que marcan las señales de tráfico.
Aunque en otras ocasiones, por el contrario, lo que toca es tener mucha paciencia porque el de delante (que, por supuesto, no es irlandés) lleva un coche alquilado y no se atreve a conducir a más de 40 por estos caminos de cabras.

Sin pasar por alto lo más importante, conducir por Irlanda es una experiencia nueva: volante a la derecha, y freno de mano y palanca de cambios a la izquierda (¡¡que al principio no es nada fácil acordarse!!); conducir por la izquierda (mucho cuidado en cruces y rotondas); paisajes de asombro por todos lados: acantilados, montañas, animales, playas, pueblos con casas de colores…; y Patricia de copiloto, que a veces me saca de quicio porque no se orienta en el mapa, y que la mayoría de las veces ríe y habla durante horas para hacer más amenas las horas al volante.

lunes, 29 de noviembre de 2010

De Clark Kent a Mary Poppins 17: Snowing day



La primera vez que vi nevar fue desde la clase de Historia de la Publicidad (Ay, Segovia...). Mi primera bola de nieve se la lancé a Raquel. Ella, como es asturiana, había lanzado muchas más. 
Cuando camino de Galway vi que empezaba a nevar, me puse nerviosa. Me gusta la nieve, pero no si vas dentro de un coche. La combinación nieve-coche me dejan la mente con el único pensamiento de vueltas de peonza. Y me da miedo, un irracional miedo tan irracional como todos los miedos, pero con bases muy reales. 
Pero la nieve, ya digo, me gusta. Así que una vez aparcado el coche, es tiempo de disfrutar. Lo más divertido de este fin de semana ha sido escondernos por las calles de Galway para encontrar el punto de lanzamiento más adecuado. A Cristina, su risa sin motivos la delata. Aunque la bola más grande me la tiró ella a mí.  

Hoy, Sandycove (mi casa) ha amanecido blanca. No colegio, no trabajo. Sí muñeco de nieves. 
La primera vez que he hice un muñeco de Navidad... diré algún día... fue en Irlanda. Mi primer snowman ha sido también el primero de Harry. 
Tiene gracia, pero los que somos de tierras soleadas no sabemos cómo se hacen los muñecos de nieves ni por qué es blanca, la blanca Navidad de la canción. Pero un buen día, como por ejemplo hoy, una aprende que las bolas más grandes se hacen dando vueltas como en los dibujitos de esquiadores que se caen montaña abajo.

Como nos hemos quedado atrapados en la nieve, Laura y Jonny (los padres) se han enfundado unas botas y unos buenos pantalones y se han ido andando al pueblo con un par de mochilas para abastecerse de comida... Un poco exagerado, he pensado yo. Pero ellos han contestado: No sabemos cuánto tiempo estaremos atrapados... 
La nieve puede ser un coñazo. Pero también puede ser muy divertida. Además, esta mañana, las vistas desde mi ventana estaban más bonitas que nunca. El contraste del océano con la nieve te paraliza, te deja sin palabras.

Esta entrada se la dedico a mi madre, para que se acuerde de mí el día que por fin vea nevar por primera vez; a Cristina, porque sabe disfrutar de la nieve y hace los mismos "ángeles" que los niños; y a Raquel, porque me enseñó a lanzar bolas de nieve.

(Acabo de acordarme que de chica fui a Sierra Nevada, así que igual allí tiré alguna bola de nieve. Claro que no me acuerdo. Solo recuerdo el trineo...)


jueves, 25 de noviembre de 2010

De Clark Kent a Mary Poppins 16: Que si el invierno llega frío...

Ya ha llegado el frío, el de verdad.
(Y tiene pinta de que no se va a ir).
Pero no hay nada (o casi) que no tenga solución: Estamos en "Countdown". La cuenta atrás ya no tiene freno (como, además, todos se empeñan en repetirnos).
Killarney, Killkeny, Cork, Dublín, Kinsale, Clear Island, Clonakilty, Ring of Kerry (ya era hora), Dingle... y este fin de semana, Galway. A este ritmo, el verde va a dejar de ser mi color favorito. Aunque es curioso que mis dos colores favoritos lleven toda la vida siendo el verde y el naranja... y me venga a vivir a Irlanda. O a Italia, claro. A lo que iba, que sí, que Irlanda es bonita. Muy, muy bonita.
Pero que esta noche hace un frío tremendo y tengo ganas de sentarme al lado de mi chimenea. Y de dormir hasta tarde.
Quedan tres semanas y un día: Un viernes con piscina. Y tres más. Lluvia fuera, agua dentro. Una clase más de Capoeira. Algún lunch más compartido, y una comida-cena en grupo. Algún que otro intercambio inglés-español más. Un par de viajes. Belfast. Muchos llantos (de niños) seguro, y también muchos cambios de pañales. Guinnes, y rubias. Saltos. Coche. Comidas picantes. Vocabulario. Hoover.
Gia. Harry. Momo. Cuby. Charlie. May. Kiki.
Chocolate. Canela.
Tres semanas... ¡Eso no es nada! Y después a casa, a pasar los lunes al sol, que así está el patio. Con un poquito (poquito) más de inglés y un poquito (poquito) menos de ganas.  
Mucho frío, sí. Y ya lo decía Mecano: "Que si el invierno llega frío, quiero estar junto a ti."
Mal vamos.

domingo, 21 de noviembre de 2010

Una invasión de recuerdos

Todo empezó cuando al abrir Facebook vi a mi hermano convertido en Pedro Picapiedra
Silma, mientras tanto, interpretaba a Vilma. Curiosa pareja, pensé. Y seguí bicheando por la red social. 

Ángela se había convertido en La Sirenita, y entonces me acordé de Alejandro, al que relaciono más con Ariel. Los que lo conocemos sabemos por qué. Por algo los tres compartimos esa película como una de nuestras FAVORITAS entre a lo que pelis infantiles de Disney se refiere. (Siempre y cuando, eso sí, no aparezca en escena Ursula, terror de mis noches infantiles y causante de que a la niña de cinco años que yo era cuando el film se estrenó tuvieran que sacarla del cine atemorizada). 


Pero a lo que iba... Demasiados personajes animados inundaban el sábado los perfiles de Facebook. ¿A qué se debe?, pensé. Y la respuesta me llegó en forma de mensaje explicativo: 

"Del 15 al 22 de noviembre, cambiar vuestra foto de perfil de facebook por la de un dibujo animado de vuestra infancia e invitar a vuestros amigos hacer lo mismo. ¿La finalidad del juego? No ver hasta el lunes una cara humana en facebook.... si no, ¡Una invasión de recuerdos!"

Entendido el juego, reflexioné acerca de cual había sido el dibujito de mi infancia. De Disney, seguro. ¿O no?

Mary Poppins fue la gran película. Llegué a esa decisión, solo empañada por una actualidad donde las Mary Poppins ya no necesitan un poco de azúcar y acaban metidas a Cenicientas, que no fue nunca, creo recordar, de mis personajes predilectos.  
Y es que las pelis no animadas eran mi devoción: Mary poppins, La Bruja Novata, Tú a Bostón y yo a California... Pero como se apresuró a corregirme Ángela, la susodicha niñera no era personaje de dibujitos, y el juego, ya lo he dicho, consistía en deshumanizarnos. 

Así que por un rato me convertí en Pluto, mi preferido entre los clásicos.  Como perfecta voyeur, bucee en busca de los recuerdos de otros. Me llamó la atención que aquella tropa de la primera etapa Disney no hubiese sido reclamo del imaginario común en este libro de caras. 
Más de uno, sin embargo, se había convertido en Goku o en algunos de los de su tropa. Y yo me acordé de las veces que mi hermano me repetía las historias del hombre tortuga. Claro que para tortugas, las Ninja y la imagen de un póster colgado en la pared que nunca supe qué fue de él. 

Alguien se convirtió en Campanilla. Pero yo, una vez más dada a lo real, prefería la que interpretaba Julia Roberts en Hook, el capitán Garfio. Gran película. 
El zorro del amor de Coto me recordó a Chip y Chop, y a los dos desconocidos que nos estamparon algo así como Chip y Dale en Eurodisney. Resulta que los dibujitos también se lían con la Torre de Babel. 

Aunque lo que más me llamó la atención es que muchos de los dibujos que mis amigos tenían como fotos de perfil eran personajes desconocidos para mí. Dragones verdes, muñecos de trapo, perros blancos o retazos de tebeos que no sé quiénes son. La infancia y la invasión de recuerdos resultó ser un territorio privado y tan solo, quizás, compartido al cien por cien con los hermanos. 

Por eso, rebuscando en mi memoria, al final me decanté por Benji. Porque entre mis mejores recuerdos están los campos interminables de fútbol en las mañanas ociosas de verano de un camping en el que un enano y yo jugábamos a crecer. Yo me enamoraba de Benji y el enano se metía conmigo llamándome Patty, personaje de la serie (llamada Patricia) tan enamorada como yo del apuesto portero (Ok, Ángela, Patty estaba enamorada de Oliver). El desayuno se esfumaba entre partidos de Oliver y Benji rematados con empalagos infantiles de La Tribu de los Brady antes de salir a cazar lagartijas para cortarles el rabo o a apedrear las avispas que el niño tanto temería después. 

Durante mi recorrido facebookiano, también caí en la cuenta de la mente traicionera. Muchos, de mi quinta, se colocaron a Dory, de Buscando a Nemo, o a Los increíbles en sus perfiles, sin darse cuenta que esos dibujos forman parte de nuestro pasado, pero no de nuestra infancia. Quizás fuimos al cine a ver esas pelis, pero entre caña y clase de la facultad. 
La última película Disney que fui a ver siendo niña fue Toy Story. La última, siendo adulta, también. Mi hermano y mi primo Miguel en el cine Fantasio, que ya no existe, fueron mis acompañantes en la 1. Mi amiga Ángela lo fue en la 3. 

Siguiendo con facebook, Vanesa puso a Willy Fog y comprendí entonces por qué las dos hemos salido tan viajeras. También podría poner a los Fruitis, protagonistas de la primera película en video que tuvimos en casa. Opciones hay muchas. 

Probablemente, si me paro a pensar hay muchos más dibujitos de los que he nombrado entre mis recuerdos infantiles. Hago la prueba, y lo primero que se me viene a la mente es... Se oye una canción... Y suena mi voz de niña de siete años (des)entonando junto a mi hermano el tema de La Bella y la Bestia, que aún seguirá grabado en alguna cinta de cassette. O me veo al niño creyéndose El Rey León en algún juego inventado por mí. O me viene a la mente Aladín y al mismo enano rapado como una bombillita creyéndose el genio azul. 


Ha estado divertido convertirse por un fin de semana en un dibujo animado. Pero, además, me ha hecho recordar una cosa. Todos, absolutamente todos, los dibujos animados de mi infancia estuvieron compartidos. Y en todas las escenas que mi memoria evoca de aquellos años aparece un niño (el niño) pisando los talones de la hermana mayor que fui. En esta invasión de recuerdos siempre aparece Álvaro. El fue, sin duda, lo mejor de mi infancia. 

miércoles, 17 de noviembre de 2010

De Clark Kent a Mary Poppins 15: Changeling

¿Qué se hace cuándo en mitad de la noche el niño de cinco años al que cuidas llora desconsoladamente (y grita, lo juro, como si la vida se le fuera en ello), y si le preguntas:


What happend?, 
él sólo te contesta: 
I don´t want you!!

...Y da igual que intentes razonar con él, que pongas tu máxima concentración en colocar adecuadamente el orden gramatical de todos los elementos de tus frases, que utilices el vocabulario idóneo y una perfecta entonación inglesa. No importa que pretendas ser cariñosa, resolutiva, comprensiva, ni que te olvides de imperativos al estilo de Go back to bed

No servirá nada. Cuando el niño deje de gritarte con desesperación e insistencia que no te quiere (y eso será justo un momento en el que se frene para tomar aire -se va a desgañitar-, sólo será capaz de articular, de berrear:

- Where is my mother?

Y a otros no sé, pero a mí es justo en ese momento cuando la que se me aparece en la mente es Angelina Jolie gritando: 


Dove é il mio figlio? 
en la pelicula Changeling.

(Lo cierto es que me encantó esa película... pero Harry, cariño, deja de llorar, please. Tu madre regresará en un par de horas).

martes, 16 de noviembre de 2010

Verde Irlanda


Mirar por la ventana y no hacer nada. O hacerlo todo. Si uno piensa en Irlanda, se la imagina en verde, y es cierto. Es, quizás, el único tópico, de todos los que tiene preconcebidos, que cumple este país.
Por eso, mirar por la ventana y desear agazaparse junto a la chimenea o debajo de la manta eléctrica en una mañana cubierta de rocío que, como todas, amenaza chaparrón, es una opción.
Aprovechar para enfundarse las botas de agua y saltar charcos como cuando eras un niño, quizás, es otra alternativa.

viernes, 12 de noviembre de 2010

De Clark Kent a Mary Poppins 15: Una semana más

Ha sido una semana larga y complicada. 
Me duele la cabeza. 
Hacerse mayor es tener que decidir. Una decisión tras otra y nunca se acaba. 
Harry llora histérico cuando su mundo se le viene encima. O cuando la mochila del cole se le queda enganchada en el asiento del coche. O cuando no le he pelado la naranja como a él le gusta. 
Gia llora excitada cuando ve a un bebe. O cuando piensa que ha desaparecido porque oculta su cara detrás de sus manos y tú le dices que acabas de encontrarla. O cuando ve cerca chocolate. 
Hacerse mayor es llorar y reír con menos excentricidad y más dolor de cabeza.
Mañana, por fin, es fin de semana. Y el destino elegido es Kilkenny. Solo tenemos que averiguar cómo llegar.

jueves, 11 de noviembre de 2010

De Clark Kent a Mary Poppins 14: Otra tarde como las demás


Pablo Neruda. Aunque debería ser James Joyce. Una canción (demasiado conocida) que suena desde la cocina. Yo estoy sentada en el suelo del salón, para estar a la altura de los niños. Escribo en un trozo de cartón porque Gia me ha robado mi libreta y garabatea en ella algo que no se parece a nada o que se parece a todo lo que uno quiera imaginar. Delante de ella, los ventanales. Si te asomas, ves un océano revuelto en un día que amenaza chaparrón, una montaña, un rebaño de ovejas que nadie sabe muy bien cómo ha llegado hasta allí. Encima de la mesa, un café (mi café) del que la niña intenta apoderarse. El click-click de la cuchara de metal removiendo el azúcar. (No le pongas miel a la verdad, que si ando muerto es de tanto resucitar). Azúcar que, por cierto, los irlandeses nunca le echan al café. Una colección de coches de juguetes, de libros infantiles y de bebes de mentira. Todo esparcido por el suelo. Y la tarde pasa viviendo una vida que no es la mía. Pensándome si hacer o no pactos con el diablo. Aprendiendo inglés a cambio de olvidar que un día intenté conquistar tu corazón con un verso sin rima. 

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Canela y miel

Las palabras están dormidas. Yo no. Las palabras están perdidas. Yo también. Las horas avanzan demasiado rápidas a la par que aumenta un dolor de cabeza con mono de chocolate. La independencia heredada y aprendida. El mal humor o la tristeza que otros ven en mí, y yo no. Las amigas que llegan volando cuando se las necesita. Afortunadamente. Aunque sea en gerundio. Discusiones. Malentendidos. Reproches. Abuso. Un trabajo que no es un trabajo. Una vida que se compone de dos sílabas. Un susurro (a gritos). Repeticiones, y mucho frío. 


Día de silencios contenidos, de abrazos con risas que esconden los miedos, de ansiedad alertada por razones sin sentido. Viruelas con café. Nada es lo que parece. Nunca lo fue. Olvido que te engaña nunca te olvida. Y por último, un buche (sorbo) con sabor a canela y miel, que dicen que lo arregla todo.  

martes, 9 de noviembre de 2010

De Clark Kent a Mary Poppins 13: Don´t worry


¿Que parecen las cuatro de la madrugada y son solo las cuatro de la tarde? No importa. 
Tampoco pasa nada si en mitad de esa tarde (noche) te quedas sin luces en el coche. 
¿Que vas con ese coche lleno de locos (bajitos) y se te pincha una rueda? Plam, plam... Y te consuela el niño. Y te dice: "Don´t worry" cuando ve tu cara. 
Que no te preocupes si se te olvida apagar las luces y la batería de tu coche muere. Aunque sea un jeep y no vaya a haber coche capaz de "resucitarlo". 
Tampoco pasa nada si una oveja, dos pavos y una llama (sí, sí, una llama) se te cruzan en mitad de la carretera.
Don´t worry, como dice el niño. Akuna Matata, como dice el Rey León. Esto es Irlanda. Siempre aparecerá un irlandés al que no le importe estar durante una hora cargando la batería de un coche que solo arranca a fandangos. 
Esto es Irlanda, hemos dicho. Y aquí siempre hay un irlandés (hemos dicho también) dispuesto a invitarte a la segunda ronda de cervezas.

Todos queríamos escribir bien

Por Andrés Ibáñez

Pero sabemos que escribir bien no es cuestión del estilo, ni de las palabras. Ni siquiera del trabajo o de la dedicación. Escribir bien para algunos es escribir frases deslumbrantes que forman párrafos deslumbrantes que llenan páginas deslumbrantes. Pero ¿qué es una página deslumbrante? Hay autores que son deslumbrantes y nos aburren mortalmente. Se trata, claro está, de hacer algo con las palabras. Esta es la clave, esto es todo, y sin embargo en ese "todo" está todo lo que se nos escapa y se agazapa más allá, evitándonos. Porque ese algo que hay que hacer con las palabras no está en las palabras ni puede apresarse con palabras. No es cuestión de técnica, ni de estilo, ni de cultura, ni de leer mucho, ni de corregir mucho. Un escritor debe hacer suyo el lenguaje, debe aprender a dominarlo de tal modo que pueda hacer cualquier cosa con las palabras, y a continuación olvidarse completamente de esas artes, lograr que el lenguaje sea para él como una segunda naturaleza. Porque la clave para escribir bien (todos lo sabemos) no está en el lenguaje, sino en la vida. (...) Para escribir bien, lo sabes, es necesario ser siempre joven. Es necesario sentir la vida en la piel, en la sangre, en los huesos. Es necesario sentir la maravilla, el miedo, la angustia, el inmenso anhelo que jamás se sacia, pero sentirlo cada vez de una manera nueva, como si el mundo acabara de comenzar, como si la lluvia que cae fuera la primera lluvia del mundo. Para escribir bien es necesario no tenerle miedo a la lluvia, como esas personas que en mitad de una tormenta sonríen y no intentan cubrirse. Hay una temeridad que nunca intentamos y un acto de valor con el que ni siquiera nos atrevemos a soñar. Y hay también en cada uno de nosotros la sombra de una ofensa que nos han infligido con horrible rudeza y que nos humilla todos los días de nuestra vida. (...) Nuestra inteligencia, nuestra ironía, nuestro ingenio, no bastan. Es necesario algo más: decir lo que no se sabe, decir lo que no se entiende, lo que todavía no es nada, lo que es sólo ruido, sólo locura y gesto. Ahí, en ese acto de valor temerario está el límite que separa lo dicho de lo que nadie ha dicho todavía. Rama feroz que roza mi mejilla al pasar y me despierta.

Lee el texto íntegro en FronteraD

martes, 2 de noviembre de 2010

De Clark Kent a Mary Poppins 12: Mom

Mi garganta se ahoga en miel y paso la frontera del primer mes con tos y carraspeo. Y sin apenas voz. Es 2 de noviembre y mientras unas mellizas celebran juntas su cumpleaños, (Happy Birthday, cousins) yo no puedo remediar acordarme de las velas que ya no se soplan. 
Es ya noche cerrada, aunque no sea noche. Son los efectos del cambio horario. La mente me traiciona, una vez más, y justifico lo extraño con un "I going to" que no sabré diferenciar de un "I will" más verbo en infinitivo. El futuro se me escapa porque ya no sé qué quiero. Como casi todos. O más o menos. 

Solo espero que no haya placas y que la miel con limón (y whisky, ¿por qué no?) me devuelvan la voz, en español o inglés, y deje de sentirme al caer la noche una sirenita en busca de un apuesto caballero odiando a Ursula, que de pulpo pasó a ser medusa.


La mala garganta me acompaña desde niña. Recuerdo a mi madre despertándome para darme la medicina, ponerme el termómetro y colocar en mi frente un pañuelo mojado en agua. Crecer es que mamá ya no te ponga pañuelos en la frente y sean a ti, sin ser madre, a quien se abracen en mitad de la noche cuando las pesadillas acechan a una niña que, a ratos, en lugar de madre tiene au pair.
Pero mañana, a esta misma hora, estará ya aquí mi madre, my mom, acompañada de sus dos fieles escuderos, y, a pesar de ello, good friends. Y qué ganas. Welcome to IRELAND...
Y yo podré ser de nuevo una niña. Aunque sólo sea por un rato. 

miércoles, 27 de octubre de 2010

De Clark Kent a Mary Poppins 11: Carrots ´s Cake


Seguimos con apartado gastronómico. 
Como Harry está de vacaciones (una semana y media sin cole por las fiestas de Halloween tiene tela), a la madre, antes de irse a trabajar, no se le ha ocurrido otra cosa que decirme que para entretener al niño, cocinara algo con él. Y nos ha dejado un libro de recetas. Harry ha pasado las páginas durante media hora y al final se ha decidido por el pastel de zanahorias, "the carrot ´s cake".
Nunca he hecho un pastel de zanahorias, así que hemos seguido las indicaciones del libro. Si averiguar qué era cada ingrediente ha sido una odisea, traducir las indicaciones ni te cuento. Menos mal que tenía dibujos. 
Eso sí, hoy he aprendido:
Flour (harina), dried figs (higo seco), preheat (precalentar), mix well (mezclar bien), squeeze (apretar/exprimir), beat (batir), wooden spoon (cuchara de madera), oven (horno).
No es mucho, pero es algo...
Ya de paso he hecho la cena. He cocinado un puchero y me ha salido muy rico, a pesar de que no he logrado encontrar fideos en el súpermercado de Kinsale. 
Lo malo es que ha ocurrido un desastre. Es lo que pasa cuando uno se mete en faena con niños. Harry se ha puesto a jugar con agua y ha empapado mi recetario, lo que ha provocado que la letra de alguna que otra receta se diluya. Entre las más afectadas están las recetas de la cinta de lomo con leche y el pastel de queso al horno, aunque más o menos, como ya las he cocinado muchas veces, he podido reconstruir las palabras borradas. Pero de la última receta del cuaderno, sin embargo, no han quedado ni los ingredientes. Así que mi receta de la tarta de orujo ha desaparecido...
Por suerte, plastifiqué las citas y la dedicatoria, y al menos esas palabras no las ha borrado... el agua.
Ah, y nuestra carrot ´s cake (en la foto) ha quedado bien rica.

martes, 26 de octubre de 2010

De Clark Kent a Mary Poppins 10: The Brunch

Brunch: Dícese de un desayuno-almuerzo. (Breakfast+Lunch)
Si aquí (allí, Spain) haríamos una merienda-cena, ellos allí (aquí, Ireland) se decantan por comer a horas más tempranas. 
En las más turísticas cafeterías, siempre está el cartel: Tenemos desayuno mediterráneo... Tenemos desayuno irlandés. ¿La semejanza? El café o té. Ambos breakfast lo ofrecen. ¿La diferencia? Tostadas con mantequilla y mermelada, versión mediterránea. Salchichas y bacón, versión irlandesa. 
Pero el "brunch" es otra cosa. El truco está en la mezcla, y los irlandeses son expertos en rebujar dulce con salado. Para algunos es un segundo desayuno, para otros es una primera comida. 
Hora habitual: Entre las once y las doce. 
Un ejemplo (el de la foto): Yogur natural, yogur de fresa, macedonia de frutas del bosque, salchichas, bacón, pan tostado y refrito en huevo, galletas de caramelo y café. 
Ideal para resacas. 

De Clark Kent a Mary Poppins 9: Sophie ´s birthday

Cinco niñas de entre seis meses y tres años. Entre ellas Gia, mi Gia, y Sophie, la cumpleañera: dos añitos.
Un montón de magdalenas; bueno, de muffins de colores decoradas con lacasitos de chocolate. Y además, brownie.
Café y té para las madres. Patatas con zumo para las enanas.
Un "Happy Birthday" entonado con acento inglés y acompañamiento de guitarra. Parece una serie de TV, y yo un fantasma.
¿Qué tal la niña? Ay, muy bien. Y todas las mamás conversan.
¿Y tú? Ah, eres la au-pair de Laura and Jonny, no?
Sí, la misma.
Ay, qué ricas... las niñas.
Y las mamás siguen con su charla. 1: Me entero sólo de palabras sueltas. Algo de pañales. 2: Mi instinto maternal va a esfumarse después de esta experiencia. 3: No quiero conversar más sobre pañales.
Y allí sigo, limpiando la cara de Gia con una toallita porque la tiene llena de chocolate y comiendo magdalenas.
Ay, qué ricas... las magdalenas.

domingo, 17 de octubre de 2010

De Clark Kent a Mary Poppins 8: De cómo bañarse en el Sea y no congelarse

En verdad, no es el Sea. Es el Atlantic Ocean. Y para meterse dentro en octubre y, sobre todo, en Irlanda, hay que tener valor. O estar... crazy, crazy...
Además, tiene truco. 
Los irlandeses están flipándolo. "Está siendo el mes más soleado que hemos visto en nuestras vidas", nos repiten sin parar. "Gracias, gracias, gracias.... habéis traído el sol de España", añaden. Y debe ser verdad, porque por lo visto en Huelva no deja de llover...
El tiempo ayudó. Además, como a nosotras nos hace falta poco para picarnos, con un par de... "Estáis perdiendo la oportunidad de bañaros en Irlanda, que cuando llegué el frío, va a llegar de verdad..." fue suficiente para convencernos. 
Así que dijimos "¡Venga!", pero eso sí, con truco: el traje de neopreno nos lo colocamos. 
Y allá que nos lo pusimos, diría en un momento, pero enfundárselo costó lo suyo... 
Cristina y yo, ataviadas tal cual, bajamos a la playa (dos minutos a pie) y cuando llegamos a ella ya teníamos los pies congelados. ¡Y aún no habíamos probado el agua!
Primer contacto... ¡Mortal!
Un par de carreras y mucho... Scream (AAAHHHHHHHHHHHH.... Gritar, gritar)
...Y corrimos hacia el agua. 
Los pies no los sentíamos ya y cuando el agua nos llegó a la cintura, la circulación, fijo, estaba paralizada. Metimos la cabeza y un par de metros buceando.... Juro que hubo un momento que se me congeló el cerebro. 
De vuelta a casa, sólo pensábamos en la ducha de agua calentita. 
Ha estado guay. Una experiencia única... e irrepetible. Sobre todo, irrepetible.

jueves, 14 de octubre de 2010

La foto-estímulo

Me pregunto si ellos, los demás, también sentirán lo mismo. Claro que para contestar a eso debería saber primero qué es lo que siento yo. A primeras diría engaño, pero tampoco es eso. Sería injusto, nadie nos mintió; sólo, quizás, nos colorearon la realidad de unos fosforitos inexistentes.
No sé, puede que abandonados, desemparados, cambiados por otros. A rey muerto, rey puesto. Igual que lo presenciamos nosotros. Serían celos si fuésemos hermanos. Pero no, tampoco es eso. Es como que no hemos dejado tiempo para la transición, lugar al relevo, al duelo. Antes de dejar de llover, ya estaba el arcoiris. Pero es tan triste. 
Quizás pensamos -pensé-, que nos darían la mano a la hora de cruzar al otro lado. Es tan peligrosa la carretera. Pero parece que ni adiós. Y es como si fuera una farsa, pero ya sin los actores. Decepcionada, puede. Con ellos, conmigo misma, con el resultado. No con el camino. El camino, simplemente, se llamó utopía. Y como tal, creímos en él. Lo disfrutamos. ¿Fue ingenuidad? Tal vez. Supongo que no tengo derecho a llamarlo abandono. Es así, y ya está. Y a veces parezco tonta por creerme los cuentos; cuentos que, por otro lado, nunca me contaron. Lo sé, lo sé. Tonterías no reflexionadas, respuesta instantánea a un estímulo visual, la foto del relevo... tan igual, tan diferente.

miércoles, 13 de octubre de 2010

De Clark Kent a Mary Poppins 7: Si lo hubiese sabido...

Soy experta en perder horas delante de este ordenador. Pensando en que debería hacerme un planing que incluya más lecturas, más deportes y más cine. Reflexionando en el inglés que estudiaré mañana, mientras le doy a actualizar al correo y al Facebook. 
Cuando dan las siete y acabo mi jornada agotadora de Mary Poppins, pienso en las horas que tengo por delante hasta que me acueste, en cómo aprovecharlas. Pero sin darme cuenta llegan las doce de la noche. Así cada día, sin haber escrito lo que tenía que escribir, ni haberme leído el pdf que me espera; sin ni siquiera haber respondido a los e-mails que tenía pendientes.

Entonces llega la hora de dormir y me pregunto qué hago aquí, e intento averiguar de qué modo está montada la película para que licenciada, y masterizada –como todos–, tenga que estar limpiando el fregadero y el culo de Gia. Entendí que la educación es una mentira el día que tuve que quitar de mi CV que era licenciada para poder acceder a un trabajo.
Y a estas horas de la noche son en las que decido que cuando tenga hijos leerán muchos libros... pero no les dejaré que vayan a la universidad. Si lo hubiese sabido antes.  

lunes, 11 de octubre de 2010

De Clark Kent a Mary Poppins 6: Weekend (in) Killarney

Más de uno me ha dicho que Irlanda se parece a Galicia. Yo no estoy segura, aunque lo que sí es cierto es que si estos rincones pueden recordar a alguna parte de España, es a aquella. Por motivos diferentes, a Galicia le cogí un especial cariño. Y esta flor, no sé si con razón o sin ella, me recordó a los parajes y a las personas gallegas.


Por fin llegó el fin de semana y Cristina y yo nos hicimos con un jeep (cortesía de su familia). Killarny (y su National Park) nos esperaba. Hacía tiempo que no aguardaba con tanta ansia el fin de semana. Necesitaba alejarme de la familia en la que trabajo y descubrir qué parte de Irlanda podía ser maravillosa. Y la encontré: Ovejas coloreadas en mitad de la carretera; cisnes grises porque, como el patito feo, son crías que aún no han encontrado la belleza; un pájaro amigo; una nutria jugando en el lago; y hasta unos pingüinos fuera de contexto. 
Carreteras peligrosas, caminos equivocados y reaprender a utilizar los verbo walk y talk, recordando unos viejos walkies-talkies con los que jugábamos de pequeños mi hermano y yo.  
Cervezas invitadas por irlandeses que se creen que todos los españoles (y todas las españolas) somos iguales. Brindar con queso y jamón. Y todo por practicar inglés también en los días libres.
Seguir sorprendiéndote con tus amigos aunque haga más de quince años que los conoces. 
Volver a casa bordeando el Atlantic Ocean (y sin caerse en él). 

Creo que voy a vivir tres meses deseando que llegue el fin de semana. Pero bueno, no empecemos. Como decía Cristina hoy: "No pensemos en el futuro". 
Y en el pasado, tampoco. Las hortensias se marchitan, pero hoy el campo está verde. ¡Y qué verde! ¡A disfrutarlo!


Si quieres ver más fotos de Irlanda... Aquí

viernes, 8 de octubre de 2010

De Clark Kent a Mary Poppins 5: Viernes (por fin)

Viernes, siete de la tarde. A Gia la oigo llorar pero ya está con su madre. Yo espero a Cristina para que me rescate e irnos todo el fin de semana a descubrir Irlanda. Ya llevo una semana aquí. Una semana y un día. Dos viernes, que son el día de piscina. Estoy agotada. El domingo cuento más, que ya ha llegado Cristina.

lunes, 4 de octubre de 2010

De Clark Kent a Mary Poppins 4: ¡Achú!

Confío en que no todos los días sean como hoy. Dicen que los primeros son los peores, así que esperemos que esta sucesión de estornudos no sea un resfriado y que los primeros desastres se suavicen. Me voy a dormir, estoy agotada y me va a estallar la cabeza. Hoy, hasta ABC echo de menos...

viernes, 1 de octubre de 2010

De Clark Kent a Mary Poppins 2: El día en que aprendí a conducir por el otro carril


Hasta la tetera tiene frío. 
Un daddy (papá) muy despistado y dos niños muy muy rubios me esperaban en el aeropuerto. A unos cincuenta kilómetros de Cork, empezaban los árboles... Y seguían, seguían... Oceano Atlántico y árboles. Sandycove: Un espacio bucólico que te mueres. Precioso. Pero no hay civilización en 8 kilómetros a la redonda. "Pero si los fines de semana los tengo libres, ¿cómo salgo de aquí?", le he preguntado a daddy. "Pues haciendo autostop", creo haber entendido que ha sido su respuesta. ¿¿¿Autostop??? ¡¡Pues como no me pare un caballo o una vaca!! 
Mira la foto... Es bonito el lugar, verdad? Esa es mi terraza. 
Pues todo es así... Tres casas espaciadas llena de gente que no sabe lo que es un autobús. La que renegaba de que Madrid era muy grande... Pero una transición tampoco hubiese estado mal... (Un otoño, vamos, no este paso del verano al invierno, del metro al silencio)   



Resumen del primer día: Ocho de la mañana: Harry llama a mi puerta: Wake up!; breakfast; aprender a conducir por el otro carril (es más fácil de lo que parece... siempre y cuando logres cambiar marchas con la mano izquierda y no te pases diez minutos intentando encontrar los cambios en el lado equivocado; te olvides de adelantar y te concentres en las incorporaciones...); pasar la aspiradora; tender la ropa; swiming pool (el agua estaba calentita y Gia, con un año y sus manguitos, afortunadamente, no se me ha ahogado); compras con el padre y los enanos...

Respecto a la comida y al inglés, mejor lo dejamos para otro día con más ánimos. Dos titulares de adelanto: 
1. Me duele la cabeza de escuchar tantas palabras en este incomprensible idioma. 
2. Se alimentan a base de pan con mantequilla y con Marmite. ¡Me voy a morir de hambre!

jueves, 30 de septiembre de 2010

De Clark Kent a Mary Poppins 1: Destino Sandycove (Cork, Ireland)

Apenas hay pasajeros en el aeropuerto de Glasgow. Espero nerviosa a que sea la hora de coger mi avión, y, mentalmente, tatarareo la canción del rey León cantada por Scar: “Se acaba una era, la nueva os espera…”


Es día 30, las 12 del mediodía en Escocia (en España es una hora más) y empiezo una nueva fase. Sé que el inglés va a ser, en los próximos meses, mi pesadilla. Casi al mismo nivel que el frío –lo tengo asumido– que voy a pasar.
Dicen que en el pueblecito donde voy a instalarme (Sandycove, cerca de Kinsale, condado de Cork, Irlanda) solo hay unas pocas casas y un faro donde se sitúa la primera escena del Ulises de James Joyce. Al imaginarlo, lo asocio con El pintor de batallas, un libro de Arturo Pérez Reverte que, no gustándome nada su autor, me fascinó.

Terminada mi etapa en la sección de Cultura del diario ABC y con la necesidad urgente de mejorar mi inglés, me traslado, en principio por tres meses, a este país. Voy a trabajar de Au pair en una familia de dos niños, Harry, de 5 años, y Gia, de 1 año. Estoy expectante por conocer a la familia, que, dentro de unas horas, irá a recogerme al aeropuerto. A ver qué tal sale la experiencia… Seguiremos informando… Aunque ahora sea una periodista metida a niñera, de Clark Kent a Mary Poppins. 

domingo, 19 de septiembre de 2010

El eterno canto de Labordeta

Labordeta me recuerda a algún que otro festival del PCE en los septiembres madrileños. A los cantos que aquellos adolescentes veinteañeros que fuimos (hace muy poco), y que, bandera repúblicana en mano, nos animábamos a entonar. Música y letra de generaciones pasadas que, imitando a nuestros padres, asumimos como propias. Canciones que recibíamos de unos trasnochados casettes en los que cantautores que casi tenían la edad de nuestros abuelos, protestaban contra una opresión que nosotros sólo conocíamos por los libros de historia. Un canto de otra época, pero que, haciéndolo nuestro, gritábamos en los conciertos clamando libertad.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Lo perdido

Recuperar los pantalones que quedaron inmortalizados en la foto de presentación. Precisamente, cuando ya está todo perdido. Es paradójico que las ruedas den vueltas y vueltas... Y aunque ya se sepa, siga dejando sus huellas sobre el asfalto, irremediablemente. Para al primer pinchazo, cambiar.

martes, 24 de agosto de 2010

Sumo y sigo






De cumpleaños felices ya he escrito, así que sumo y sigo.
El año pasado, mi deseo de cumple fue aprobar, sí o sí, la carrera. La última asignatura de Periodismo me traía loca.
Este año, licenciada y masterizada, confío en poder por fin cruzar el charco y volar a mi adorada y desconocida Argentina. Quizás alguien me lee y me dice el modo...
Pero además, entre deseos, pido uno que sé que es incontrolable e irremediable. Pido detener las ausencias. A más faltas, menos sentido tiene la vida.
Este cumple, no compartiré tarta con los lametazos de quien cumplía años el mismo día que yo. Sin Benji, la vida importa menos. Así que las velas, las soplaré en su recuerdo.

domingo, 11 de julio de 2010

Los primeros cuarenta (ejercicios)


Uno. Y dos y tres y cuatro y hasta cinco mudanzas en este año de contrastes. Será porque en ninguna casa me encontré del todo a gusto, porque mis ventanas no daban a los cielos anaranjados, y porque (dos) portera no hubo... aunque, ¿para qué?. Seguimos. Dinero, y es el tres, ni primero ni último, vivo en números rojos, como tantos. El cuarto, por cierto, ni lo entiendo. Pero el cinco se repite en cada etapa. Ilusiones que se evaporaron demasiado rápido. Anhelos que cambiaron de hogar. Y amigos que entonces ni imaginaban serlo. De ahí al seis, donde además de visitarla, le dedicamos una necrológica. La razón, que el oficio se exportó y el papel se hizo invisible: La rotativa se trasladó a la red. Y así el siete, que hay muchos, o ninguno. Uno de ellos tenía tres tomos y recorría, desde la infancia al exilio, paseos por el ocho, el nueve, el diez y hasta el once de un Madrid salpicado por banderas, que no eran, precisamente, las del Mundial. Animales, y es el doce, mejor en casa. O en la selva. Que para selva en la que se transformó la esencia de aquel número trece al que siempre, y a pesar de la dichosa selva, le estaré agradecida. Porque entre tantas otras me enseñó a hacer del catorce un placer, del quince una oportunidad, del dieciséis, del diecisiete, y del dieciocho, la mayor evocación, la esperanza. 
Del diecinueve, picaduras; del veinte, Segovia; del veintiuno, ¿Pennac? (pues no); del veintidós, Scouts. Y al veintitrés, el número obsesivo de mi hermano, llego con desorden, tachones y rotuladores. Dibujos en torno a las palabras. El veinticuatro, punto aparte. Deseo, sueño y realidad. Quiero ser periodista. ¿Soy periodista?. Veinticinco, ignorancia. Veintiséis, la vida, y la primera y eterna escuela. Pero un día, a la altura de Badajoz, la nieve hizo estragos y aún tengo pesadillas con las vueltas de volante. Ese es mi veintisiete. El veintiocho, sin embargo, es más cinematográfico, a lo “Testigo de cargo”. El veintinueve puede ser el inicio de una novela, o, mejor, de una obra de teatro de enredo, con muchas puertas, de las que no me gustan demasiado. Lo que me gusta más es ese viejo anciano que toca el violín en el metro de Sol, junto a su mujer. La vida es su nota musical, que suena al toque de treinta y que, en su caso, tiene mucho que ver con el treinta y uno, que para eso cada cual se busca la vida como puede. 
Para pan (el treinta y dos), el gallego. Hace un año lo comía sin parar. Pero este año (el treinta y tres) ni pan, ni mar. Si sólo fuese agua lo que falta en Madrid. El treinta y cuatro no deja dudas. No uno cualquiera, el único, el que a toda España mantiene en vilo. ¿Todos con La Roja? Por supuesto. Que mejor derrochar ahí el patriotismo que en el treinta y cinco. Antitaurina siempre, a pesar de este periódico en el que vivo. Y en el que reivindico constantemente que el treinta y seis significa ser andaluza. El treinta y siete no me da un porque, ya que la lectura impuesta no me parece una buena idea. Nada que ver con el treinta y ocho que ha sido, y es, en los últimos años, una constante. Y voy acabando, de momento y en gerundio. Adelanto el cuarenta porque con el estómago lleno se piensa mejor, y pensar es esencial para lograr algún día ser una buena mujer treinta y nueve, es decir, reportera. 
Esto, un esbozo para pasar el rato, y otro día dibujamos los otros cuarenta. Es lo que tienen las tardes de domingo en la redacción cuando todo el mundo sólo piensa en el balón.

sábado, 12 de junio de 2010

Balance



"El mundo es una pesadilla
y yo he sido tan feliz.
El mundo se derrumba y gira
pido disculpas por vivir."

Me coloco los cascos y, aunque el metro avanza, el mundo se detiene; al menos, el mío. La música de Ismael Serrano me envuelve en un intento, quizás vano, de crear un mundo propio donde las cosas sucedan, siempre, como las sueño yo.

"Ya lo sé, no soy un héroe...
...No pido excusas ni perdón,
salvar tu vida o redención
Sólo busco un trozo de verdad,
un destello de felicidad."

A Ismael Serrano suelen catalogarlo como un cantante triste. Sin embargo, aunque anide en nostalgias y derroche melancolía en sus versos, sus temas suelen ser un canto a la vida, una búsqueda constante de destellos de felicidad. Aún más, en estos días de lluvia equivocada de estación.

"Hago balance
y repaso viejas fotos.
Ya no soy aquel muchacho
con relámpagos en los ojos." 


La canción "Balance", uno de los temas de su último disco, no es sólo un ejemplo de esto; es también un himno a la renovación, al ímpetu de buscar una vida que esté más contagiada por los sueños que por las amarguras.
"Conservo miedos
por los que aún debo cantar.
Aún siento el vértigo helado
al echar la vista atrás.
Aún me emocionan
viejas luchas,
el “No pasarán”.

Me duele América.
Amo viajar.
Sueño y milito
en tu risa,
en la amistad.

Leo tebeos.
Odio madrugar.

Aún creo en la utopía..."

Aunque tenga ojos pequeños y apenados, siempre he sido una chica más alegre que triste. Más entusiasta que apática, aunque haya heredado la melancolía con la que los cáncer miran a la luna. Río más que lloro. Como buena amante de Machado, siempre he sido más filántropa que misántropa. Más confiada que prudente.
Aunque fuera sólo por contradecir a mi hermano, siempre he optado por vivir en las nubes antes que por poner los pies en el suelo, por beber de sueños antes que de realidades. Por preferir la poesía a los ensayos. 

"Aún creo en la utopía
y no soy el mejor hombre.
Reconozco que me cansa
dar siempre explicaciones."

Pero, a veces, rumio demasiado y el frío se me mete en los huesos y veo la vida tan gris como el cielo que hoy asoma por las ventanas de Madrid.

Las traiciones, las rupturas, los engaños, los fracasos, las mentiras, los círculos que no se cerraron, las desilusiones, los errores, los fantasmas, las heridas, las dudas, el miedo, lo incierto, el olvido, la indiferencia, la muerte... se apoderan de mis ganas y me convierten en el tipo de persona que nunca fui.
Uno aprende, cae y se levanta. Se aleja y vuelve a empezar. Pero es importante no dejarse entre las ruinas la esencia de quien se es.

"Quiero que sepas
que, aunque arrastro mis fracasos,
si quieres contar conmigo,
aún guardo fuego en mis manos.

He aprendido
a hacer maletas

y a comer solo.
A reparar espejos rotos.
Sé del tesoro
de las cosas más pequeñas,
no siempre sé
lo que tiene urgencia."

El viaje no puede ser sólo la excusa para gastar los caminos.

"Hago balance.
Queda todo por hacer.
Si tú quieres te acompaño.
No soy más que lo que ves." 


Entonces, me coloco los cascos y, aunque el metro avanza, el mundo se detiene; al menos, el mío.Y durante los dos minutos y 51 segundos que dura la canción, me niego a pedir disculpas por vivir y vuelvo a habitar en los castillos de arena y en las nubes de mis utopías.

viernes, 4 de junio de 2010

Genial

Muy bien. Genial. Muy contenta. Y es cierto, absolutamente cierto. No sólo eso, sino que las señales, más que dejarse intuir, me deslumbran. Y qué vamos a hacerle. Si es así de irremediablemente perfecto. Por más que una sea una quejica sin remedio ni gratitud. Que no entienda nada de nada, o, más bien, que al haberlo entendido todo sólo entienda que lo mejor sería (pese a esa insistencia generalizada) irse a vivir debajo de la yerba. Allí donde se esconde lo único que queda auténtico. 

miércoles, 2 de junio de 2010

Carta de despedida, Gabriel García Márquez


Si por un momento Dios se olvidará de que soy una marioneta de trapo y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo. Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan. Dormiría poco, soñaría más. Entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos perdemos sesenta segundos de luz. Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen, escucharía cuando los demás hablan y ¡cómo disfrutaría de un buen helado de chocolate!

Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando descubierto, no solamente mi cuerpo sino mi alma. Dios mío, si yo tuviera un corazón, escribiría mi odio sobre el hielo y esperaría a que saliera el sol. Pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Benedetti, una canción de Serrat sería la serenata. Regaría con mis lágrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas y el encarnado beso de sus pétalos...

Dios mío si yo tuviera un trozo de vida... no dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que quiero que la quiero. Convencería a cada hombre o mujer de que son mis favoritos y viviría enamorado del amor. A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse. A un niño le daría alas, pero le dejaría que él solo aprendiese a volar. A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez sino con el olvido.

Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres... he aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada. He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño, por vez primera, el dedo de su padre, lo tiene atrapado por siempre. He aprendido que un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo cuando ha de ayudarle a levantarse. Son tantas las cosas que he podido aprender de ustedes, pero realmente de mucho no habrán de servir, porque cuando me guarden dentro de esa maleta, infelizmente me estaré muriendo.

Siempre di lo que sientes y haz lo que piensas. Si supiera que hoy es última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y rezaría al Señor para poder ser el guardián de tu alma. Si supiera que esta fuera la última vez que te vea salir por la puerta, te daría un abrazo, un beso y te llamaría de nuevo para darte más. Si supiera que ésta fuera la última vez que voy a oír tu voz, grabaría cada una de tus palabras para poder oírlas una y otra vez indefinidamente. Si supiera que estos son los últimos momentos que te veo, diría TE QUIERO y no asumiría tontamente que ya lo sabes.

Siempre hay un mañana y la vida nos da otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero por si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaría decirte cuanto te quiero, que nunca te olvidaré. El mañana no le está asegurado a nadie, joven o viejo. Hoy puede ser la última vez que veas a los que amas. Por eso no esperes más, hazlo hoy, ya que si el mañana nunca llega, seguramente lamentarás el día que no tomaste tiempo para una sonrisa, un abrazo, un beso y que estuviste muy ocupado para concederles un último deseo. Mantén a los que amas cerca de ti, diles al oído lo mucho que los necesites, quiérelos y trátalos bien, toma tiempo para decirles lo siento, perdóname, por favor, gracias y todas las palabras de amor que conoces.

Nadie te recordará por tus pensamientos secretos. Pide al Señor la fuerza y sabiduría para expresarlos. Demuestra a tus amigos cuánto te importan.