jueves, 19 de julio de 2012

Ama lo que haces... o abandona


Mañana hay convocada manifestaciones por toda España en contra de los recortes de un Gobierno que quiere amargarnos la vida a todos. No se habla de otra cosa más que de la existencia ruinosa que llevamos, de la que cuando comienza a mejorar estaremos demasiado mayores -o muertos- como para disfrutarlas. ¿Qué queda si la vida no era como nos la contaron?

Los que sobrepasan los cincuenta años ven como todo lo que consiguieron se desmorona. Hoy decía la radio que desde primero de Economía se sabe que no se puede terminar de ahogar a alguien si lo que se quiere es salvarlo. Las nuevas medidas adoptadas por el Gobierno no hacen más que prolongar la agonía.
Cada cual ve la ruina desde su perspectiva, los que pierden lo que alcanzaron, los que lo rozaron tan sólo y los que no hemos llegado a ser conscientes de la vida. 
A los de mi edad -demasiado viejos para morir jóvenes, demasiado inmaduros para haber levantado nada sobre cimientos muy amueblados- no cesan de llamarnos la generación perdida. Crecimos entre algodones donde no sobraba nada, pero tampoco faltaba. No fuimos niños mimados, pero sí sobreprotegidos. Éramos conscientes de que costaba sudor y lágrimas cada gramo de confort, de ese que nos arropaba cada noche. Vimos a nuestras madres hacer malabares con las nóminas de clases medias y soñamos con ser, al menos, tan solventes como ellas. Estudiamos al arropo de unas familias que, como aprendimos en Sociología, ejercían de colchón ante las crisis. Estuvimos tan a 'la calor' que no supimos crear mecanismos de defensa para el día en que nuestros propios sueños se convirtieran en nuestra trampa mortal. 
Fuimos la generación de los pájaros sobrevolando nuestras cabezas

Pero llegaron los malos tiempos, la tan nombrada crisis, y nos pilló sobreformados, con carreras y máster a pares, pero sin ningún tipo de resistencia a la frustración. La mayoría, relegados al desempleo denigrante. Los pocos -afortunados-, explotados, ilusos y enjaulados. Nosotros, que íbamos a protagonizar el mundo y nos convertimos en la generación de confundidos, los idealistas de 'Ama lo que haces..o abandona'. Todo blancos o negros, sin los matices de las desilusiones. Ciclotímícos asustadizos. 

Cuando la crisis pase seremos demasiado mayores como para ser jóvenes y la oportunidad perdida, no vuelve. ¿Qué queda? ¿Manifestarse? ¿La palabra? ¿La agonía? ¿Amar... o abandonar?

lunes, 4 de junio de 2012

Debilidades de 'plumilla'



A veces los intereses -y pensamientos- se entremezclan, el oficio de escribir (sobre otros) se complica, las presiones -de un lado y del contrario- empujan en direcciones que no alcanzan ningún punto en común. La coherencia o la ausencia de lágrimas. Es difícil. No es fácil. 
Batalla de poderes. O individualidad. Decidir si arriesgar o no, o simplemente saber dónde termina la línea de la profesionalidad y empieza la de la ética. La fuerza frente a la debilidad. 

En las facultades de Periodismo no enseñan a tomar decisiones ni a hacer frente a las consecuencias. Supongo que crecer -profesionalmente hablando- es también perder peleas, agachar la cabeza y no encontrar el camino adecuado. 
Perderte en tu caos de periódicos y vida. 
Pensar, aunque sea por unas horas, que nada de esto que amas merece la pena; para empezar, porque no estás a la altura, o porque -tan fácil y tan complicado- no estás dispuesto a esforzarte por estarlo. Recordar mil citas sobre 'plumillas', pero que hoy ninguna encaje.

Tres horas después...
 Y la cita apareció. Siempre aparece, aunque sea por puro 'realismo mágico'.
"El periodista es una especie de hombre de confianza que explota la vanidad, la ignorancia o la soledad de las personas, que se gana la confianza de estas para luego traicionarla son remordimiento". (Janet Malcolm)
 Sólo que no siempre se traiciona, y esa 'no traicción' te convierte, supongo, en peor periodista. 


viernes, 1 de junio de 2012

Pudor


"En medio de la oscuridad de la noche, cuando por la calle no pasa un alma y no veo más ventana encendida que la mía, le digo a mi voluntad

—Déjame resistir una hora más. No debo irme a dormir sin dejar mi post colgado. ¿Un post es un apunte contable, una obligación contraída con un banquero moral, un telegrama al pasado, una botella con un mensaje lanzado por la borda de un barco de cabotaje al que ni la oscuridad ni los temporales detienen?"



Esta "declaración de principios" me hizo recordar que, a lo tonto, casi han pasado dos meses desde que escribí mi última entrada. Excusas tengo para llenar este tiempo: un cambio de casa, por ejemplo. Alguna que otra excursión en los pocos días libres y, sobre todo, como siempre, mucho trabajo. Otros lo quisieran, entre tanto paro. 

Pero el caso, que serían excusas. La verdad es que no he escrito por un ataque de pudor. Tras la última entrada de blog, fui consciente  -me hicieron ser consciente- de lo expuestos que quedamos al escribir; frágiles hasta el límite de que tus palabras y tus reflexiones pueden ser utilizadas por otros -de una manera rastrera- en contra de uno. 

Carecemos de pudor, y por ello, escribimos palabras 'subliminales', versos melancólicos, dudas eternas y 'estados' agresivos. Las redes sociales nos ayudan. Los amigos -contados por centenares- de 'Facebook' descubriendo tu intimidad a través de fotos que ya no guardas en álbunes privados. La soledad enfrentada a golpe de tecla. La privacidad devorada con un 'Me gusta'. Somos exhibicionistas, luchamos contra nuestros miedos 'colgando' nuestra cara más bonita. Perdemos el pudor para ganarle la batalla a la realidad.

Por eso, a veces no viene mal un ataque de pudor. Te ayuda, al menos, a ser más precavido, más astuto, menos ingenuo.


viernes, 6 de abril de 2012

La lluvia, la amistad y la Semana Santa


Llueve sobre mojado, desde hace tres días. La Semana Santa empezó gris, con vientos de batallas provocadas. Ha avanzado lenta, sin palabras, porque últimamente me faltan, y las que salen, sólo despiertan truenos y temporales.

Mañana no hay prensa en España. Afortunadamente para quienes tenemos que pasarnos los días de fiesta pegados a un ordenador y haciendo llamadas en las que sólo saltan los buzones de voz.

Hoy le he traído a mi gata Chila una compañera de juegos temporal llamada Tamy. Se han bufado en un primer contacto y no se han vuelto a dirigir las miradas. La gata visitante lleva seis horas escondida detrás del sofá, muerta de miedo. No se pueden imponer a los amigos. Sólo en climas de libertad se crean vínculos de confianza y complicidad. Primero hay que olerse, después viene la conexión, o no. La amistad y sus "complicaciones", pero también la amistad que hace más fácil la vida.

A finales de mes me escaparé unos días a Madrid. Me apetece encontrarme con amigos, ir al teatro, buscar libros que a Ceuta no llegan, pasear sin que nadie te conozca, desconectar un poco. Madrid es estupenda cuando sabes que sólo son unos días. Para vivir la detesto.


jueves, 8 de marzo de 2012

Tres mujeres trabajadoras despedidas


Ninguna de las tres tenían nada en común, excepto que trabajaban en periódicos. No se parecían en nada hasta que la crisis y los dueños de sus empresas les dieron la carta de despido. Las tres compartieron la misma sensación. Tienen más de cincuenta años, se habían dedicado a trabajar desde que eran niñas y se habían convertido en las representantes de esa primera generación de mujeres que ya no se tragaban el cuento de princesas y príncipes y habían sacado sus vidas adelante por sí mismas. Eran las mujeres de referencia, las que durante treinta años habían dicho con orgullo que ellas eran mujeres trabajadoras. Largas trayectorias profesionales a sus espaldas. Las mismos largos años que ahora sus empresarios utilizaban de cuartada para ponerlas en la calle con irrisorias indemnizaciones. Ya no les salían las cuentas. La crisis, además de real, era la excusa perfecta. 

La primera de ellas llegó al periodismo como secretaria. Se hizo imprescindible a medida que iba aprendiendo de un oficio que ni siquiera le había llamado la atención. Pero adoraba hacer entrevistas tanto como meter cizaña entre los que entonces no eramos más que becarios de verano. 
La segunda presumía de cómo había sacado adelante a su hijo mientras contaba batallitas de los años de la tele. Nadie sabía más que ella de entresijos y esperanzas. 
La tercera no pudo frenar las lágrimas cuando abandonaba la redacción a la que había estado acudiendo durante los últimos 17 años, el último de una serie de periódicos. Partía el alma. 

Tres mujeres que no tienen nada en común más que un pasado vinculado a la prensa. Más que una lucha por hacerse un hueco en un mundo que por aquellas aún era un mundo de hombres. Más que un despido pasado el medio siglo de vida. Más que la misma entereza con la que afrontaron dar carpetazo -por la fuerza- a carreras que aún no habían terminado. A las tres les gustaba dar 'consejos' a las nuevas generaciones.
Las tres han dejado a la fuerza de ser mujeres trabajadoras, aunque a sus años ya saben de qué va la película: son conscientes de que trabajar, aún fuera de las empresas a las que han dedicado media vida, van a tener que trabajar. Lo aprendieron desde niñas. Crecieron entendiendo muy bien que significa ser una mujer trabajadora.

miércoles, 7 de marzo de 2012

8 de marzo, por las mujeres que admiro y por la mujer que soy


Pocas veces he admirado a un hombre. Al menos contemporáneo. Mis referentes, por motivos obvios, siempre son mujeres. A ellos puedo amarlos, pero admirarlos me resulta difícil. Tiendo a verlos blandos, consentidos, egoístas, débiles. Soy consciente de que la educación recibida tiene un gran peso en mi visión de los hombres. Ellas, sin embargo, es más fácil que me inspiren admiración. Alguien dijo que soñar con la persona que te gustaría ser es despertar la persona que eres. Creo que es cierto y que por ello siempre he tendido a la observación primero y a la, si procede, admiración después. Mujeres que a lo largo de mi vida me han servido de ejemplo. Creo que las referencias son esenciales para un óptimo crecimiento.

Cumplo a la perfección aquello de ser la hija que terminó convertida en el reflejo de su madre. Como para casi todas las niñas, ella, junto a mi abuela, fue mi primer referente y sigue siéndolo hoy. Pero somos tan idénticas que en ella veo reflejada mi parte buena pero también mi parte mala. Como seres independientes, también muchas otras cosas nos diferencian. Por ello, y en esa búsqueda, desde niña he perseguido -casi con obsesión- esos escaparates en los que vislumbrar caminos a seguir, manos amigas que me guiaran. No será difícil, para quienes me han acompañado en mi crecimiento, ponerle nombre a esas mujeres, profesoras en la mayoría de los casos, por la sencilla razón de que al margen de la familia, es el entorno más cercano hasta que nos incorporamos al mundo laboral. Pensé, sin embargo, que al dejar la etapa educativa, la necesidad de buscar referentes decrecería. Me he dado cuenta, sin embargo, que tener ejemplos profesionales es igual de importante. Con la edad, eso sí, soy más selectiva en mis admiraciones. 

Creo que ser mujer es un privilegio. No significa eso que considere que somos superiores a los hombres. Tampoco soy una feminista, creo que es un término caduco si lo vemos desde el punto de vista histórico. Las mujeres podemos guiar el mundo -¿o alguien duda del poder de Ángela Merkel?-, pero es cierto que el camino batallado para llegar hasta donde ahora estamos ha sido mucho más complicado que el que han tenido los hombres. Celebrar el 8 de marzo significa recordar a todas aquellas mujeres que con sus pequeños pasos en el pasado cambiaron nuestro presente. Pero también creo en la necesidad del reivindicar el ‘Día de la Mujer’ porque estoy convencida de que aún queda mucho camino por andar hacia el respeto y la igualdad de oportunidades plena. Hace unos días leía que una gran parte de las mujeres periodistas abandonan su profesión al llegar a los cuarenta por temor a no poder conciliar su profesión con su vida personal. Una realidad que no sucede con los hombres. Mañana celebramos el 8 de marzo y quiero agradecer a esas mujeres, empezando por mi madre, y terminando por aquellas que tengo cerca y que saben que las admiro, que me sirven de referente; mujeres que, con sus actos, se convierten en ejemplos a seguir

martes, 14 de febrero de 2012

Lo que vale el amor (2)


A nadie le extrañará -a estas alturas- que San Valentín sea italiano. 


Terni es un pueblo muy feo, pero con una Basílica a la que cada 14 de febrero peregrinan los italianos y los turistas. Unos para encontrar el amor y otros para atar en corto al que tienen a su vera. A nosotras nos pillaba al lado de casa, así que como buenas Erasmus nos plantamos en el pueblo. Aquel día, en la Basílica de San Valentino no entraba un enamorado más. 

En Interamna (hoy Terni) había un obispo llamado Valentino que se convirtió en "el santo dell'amore" tras celebrar una boda religiosa entre el legionario romano Sabino y la joven cristiana Serapia. El emperador Aurelio consideró que había sustituido con un sacramento religioso cristiano, el antiguo rito pagano, y lo ordenó matar. Valentino fue capturado, torturado, y, finalmente, asesinado el 14 de febrero del año 273 d.C. Así terminó convertido en el patrón de Terni y en el protector de los enamorados. Esta es una de las versiones, hay varias

Requisito imprescindible para quien peregrina a la Basílica, es lanzar dinero en una especie de sala subterránea, tras la tumba del santo. A juzgar por los billetes, se puede hacer un cálculo de lo que a más de alguno le costó aquella mañana el amor...

(La foto la hicimos aquel día. También escribí algo en aquellas, aquel 'Lo que vale el amor' ha sido una de las entradas más visitadas, pero también a la que más 'spam' le ha llegado. No sé si esa especie de publicidad engañosa querrá decir algo...)

De momento, me quedo con la frase de Casanova:

‎"No culpéis a quien busca el amor allá donde puede. A veces vive en el murmullo de la carne, no en el volcán del corazón; y vale para una noche, no para una vida. ¿Pero acaso no es amor?" 

domingo, 12 de febrero de 2012

Eso del periodismo frente a esto de la agenda



Esto del periodismo tiene días en los que te emocionas con lo que estás escribiendo, escuchas con ansiedad, te involucras –sin perder de vista que eres el ‘voyeur’ y no la parte implicada-, aprendes, disfrutas... Plasmarlo luego sobre la página es como ir clarificando, demostrar qué has asimilado y que eso eres capaz de compartirlo con el lector.
A mí suele pasarme con temas del área sanitaria. Me encanta escribir sobre sanidad. Al principio me pasaba más con los reportajes. A medida que pasaron los meses, sin embargo, me pasó a gustar más la, digamos, noticia. El caso es que, más allá del género, tiene que ver con otros factores como el tener tiempo para "investigar". Son informaciones en las que ni el agotamiento, ni las horas invertidas, ni los disgustos vencen y entonces es como si tanto durante el periodo de recopilación de información como después con la posterior escritura estuvieses "poseído", en estado de excitación, rumiando y saboreando cada dato, cada palabra que escribes.

Esos son los días profesionalmente felices. Ha habido muchos de esos en Ceuta.

La falta de tiempo y de espacio, la presión, la sensación de estar llenando –vomitando– páginas y cubriendo agenda, lo impuesto… es lo contrario a esos días felices.

El problema es que la precariedad –ahora que estamos en tiempo de convulsas reformas laborales– te deja al descubierto. Cuando el periodismo que escuchas defender en las aceleradas sobremesas tiene poco que ver con el que te encuentras después del café en la sociedad, y eso además es por motivos ajenos a los redactores, te planteas si realmente merece la pena entregarlo todo por algo que, quizás, no exista. Entonces entra el miedo a la inutilidad de los esfuerzos y de las palabras, al tiempo. Pero no sabes explicarlo, o no te atreves. No, no es fácil encontrar palabras para defender ideas encontronadas, utopías.

Cuando llegué a Ceuta me dijeron que mirase bien a mi alrededor porque todo aquello que estaba viendo por primera vez pronto me sería demasiado familiar como para sorprenderme.

Hago miles de balanzas, le doy vueltas, pero los resultados siempre son confusos. Al final el miedo no viene de la mano de la crisis; el futuro incierto sólo me preocupa relativamente; el temor es más a la pérdida emocional, a la traición. Eso es el que me paraliza y me distrae, lo que no sé explicar, el miedo a la añoranza y a los sueños.

sábado, 21 de enero de 2012

Pensábamos...

Pensábamos que la vida era otra cosa... Puede. Vencer, perder, avanzar, renunciar, dejarnos guiar e influenciar, seleccionar, adaptarse, luchar, apostar, sobrevivir, soñar. ¿Pensábamos que la vida era otra cosa y no lo era o sí existe la vida que pensábamos?

No se puede correr tras el viento... 



martes, 17 de enero de 2012

Volver

Heidelberg, antes de volver a Ceuta
Volver a Ceuta, con repeticiones, con anhelos, con dudas, con cariño. Con la incertidumbre de los pasos no dados, con la sombra de las cartas de una misteriosa jugada. Sabiendo, sin embargo, que la suerte siempre juega de mi lado, a pesar de los miedos infundados, de querer sin querer, y de no querer, aún queriendo mucho. El gris de los días soleados. Los atardeceres que no veo. La contradicción constante del paso del tiempo retenido. Avanzar hacia demasiados rumbos. "No sé si estás detrás", dice una canción. Volver, con fuerzas, pero sin saber en qué dirección enfocarlas, sin tener aún seguro lo más claro. Los afectos más fuertes pueden llevárselos el mar, o la carretera.

lunes, 26 de diciembre de 2011

Un año en Ceuta


Una 'polvorona' que a causa de las constantes suspensiones por la lluvia se repetía como tema cada día en las reuniones; una reuniones que realizábamos en la planta de arriba porque la sala era más grande y la plantilla también. La inquietud y el apoyo... y hasta hoy. Han cambiado las causas de la ansiedad, pero ella ha permanecido imperturbable desde el primer día que llegué a Ceuta. Primero me estresaba encontrar temas, después que no se me escaparan, dar a basto, que sean lo suficientemente interesantes -las atemorizantes aperturas-, cubrirlos con coherencia y con responsabilidad. Sí, esa capacidad para aceptar las consecuencias de nuestros hechos... 

Ceuta suponía mi primer trabajo y asumir mis actos era la principal diferencia entre haber sido la eterna becaria y ser ahora redactora, más aún en un ámbito local en el que ves de primera mano los resultados. Nunca pensé que permanecería un año entero en Ceuta. Pero el 26 de diciembre del año pasado crucé el Estrecho junto a mi primo que me ayudaba a llevar las maletas., y en la mañana del 27 pisé El Pueblo de Ceuta por primera vez con la temeridad y las ganas con las que se afrontan los retos

Han cambiando muchas cosas en doce meses. Ha aumentado la precariedad, el estrangulamiento de una redacción que hace verdaderos esfuerzos por sacar adelante un trabajo digno. Una redacción que, sin embargo, tiene una ventaja que logra sostenerla de pie a pesar de toda la marea, y es su plantilla.

Sé que si levanto la vista de este ordenador me encuentro con miradas compañeras, con ojos cómplices, con amigos. Entre todo lo que que he encontrado en Ceuta, destaco esos vínculos personales. Comidas en el Caballas, cafés, piscina, viajes, charlas de sofá, reflexiones de despacho, secretos, encuentros. De hecho, ahora que ya una va pensando en emprender el vuelo, lo que asusta no es el devenir laboral, sino la pérdida, la añoranza con forma de melancólica. Sé que pasados los arrebatos, queda lo puro. Y no quiero decepcionarme. Cuando marchas hay gente que dejas atrás para siempre y otras que te acompañan, a pesar de la distancia, compartiendo contigo eternamente un trozito de alma.

Pero hay más, por supuesto. Ceuta te da la posibilidad de vivir de primera mano un periodismo muy potente. Te da la posibilidad de experimentarlo. Después, de dar de ello una cobertura exhaustiva, depende. El tiempo y la dedicación tienen sus límites, como las horas del día. Ese reloj constante, esa lentitud mía, pesadilla de cabecera de este año que concluye. 

Retos personales, también. A pesar de ser consciente de ello en cada arrebato, no he logrado controlar mi vanidad, mi ego, esos celos violentos que me atrapan cuando quiero llevar un tema que se lo asignan a otro. A veces esas rencillas laborales se combinan con golpes emocionales, un ego personal, o el mismo celo -personal, no laboral- que siempre me han echado en cara mis amigos. Conflictos internos que desembocan en dolor de estómago y llantinas en lugar de en conversaciones. Poca resistencia a la frustración... Me sigue pasando un año después. Tendré que esforzarme más...

En Ceuta he aprendido que un coronel es más que un teniente pero menos que un teniente general, que el mar es la puerta al nuevo mundo, que la 'jarera' rompe el ayuno porque está llena de proteínas, que los bomberos sacan dos camiones aunque sólo sea una sartén echando humo y que el que lleva el casco amarillo es el que manda, que las noticias se escriben mejor después de compartir una 'ergaieb' con nutella. Pequeños detalles, sólo eso. Hay otros más importantes, como que en Ceuta se entiende que venderse puede ser muy fácil y que, precisamente por ello, la ética debe estar por encima de todo. La coherencia y la rigurosidad son irrenunciables si quieres ser digno de esta profesión. Un año, por tanto, para comprender y asimilar aquella frase que tanto me llamó la atención hace un año: "Ser digno en Periodismo comporta cierta desolación, soledad, alguna amargura, pudor y cierta sensación de desamparo”.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Feliz Navidad


La Nochebuena me sabe a piña, queso y guinda. El sonido, un 'Señor San José, señor San José' cantando entre risas por Cristina. Me gustan los anuncios de vuelta a casa por Navidad, la decoración navideña, las promesas de año nuevo aunque no se cumplan, los balances hechos a medias con Alejandro, tomarme las uvas con mi madre y aupar junto a mis amigos a los Reyes Magos en la cabalgata para que nos traigan lo que no nos trajeron el año anterior. Parece que algunos odian y otros aman la Navidad. Tampoco creo que sea eso. Pero soy de los que las navidades me parecen un tiempo de guiños, de ilusiones que no están de más por ser repetidas. 

Esta Nochebuena se presenta diferente. La pasaré en Tetuán compartida con algunas de las personas que quiero. Me hace mucha ilusión. Esa ilusión de las complicidades, de los deseos, de los abrazos fuera de imposiciones. Hace cuatro años pasé las Navidades más tristes, pero aprendí qué significaba ser paciente y aprendí también que no vale la pena empeñarnos en 'profanar' estos días simplemente porque la gente quiera estar feliz. Se pueden criticar los galanteos, el consumismo, las apariencias extremas, el ruido... Se puede, o no. Pero también se puede disfrutar, aprovechar cualquier excusa para achuchar a los amigos, para refelxionar sobre lo que podemos hacer más allá, para no olvidar. Excusas quizás también para explicar que, critique quien critique, a mí las navidades sí me gustan. Así que dulce Nochebuena y Feliz Navidad a todos.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Amistad a lo largo

"Abrázame fuerte que no pueda respirar"

Compartir, compartirse. A veces les mentimos pensando que así lograremos mentirnos a nosotros mismos. Pero no funciona, los amigos te reconocen más allá de las palabras. La voz puede mentir, pero los ojos no. Por eso a veces, con miedo a enfrentarnos a la realidad, desviamos la mirada. Pero las verdades relucen y los amigos te enseñan a reconocerlas y a sobrellevarlas. Por eso no hace falta pedir ayuda, consejos, un empujón o un abrazo. Los amigos saben cuándo tienen que darlos y los dan. Nosotros, sin embargo, inmersos en nuestro egoísmo, a menudo dotamos de sentido aquella frase de 'Quiéreme cuando menos lo merezca, será cuando más lo necesite', y hacemos sufrir a quienes más nos quieren, estampamos contra nuestros amigos miedos y frustraciones, recelos no justificados, llantos y reproches que, avalados por la confianza, soltamos sin prever que nos arrepentiremos profundamente de haber sido tan narcisistas. Los detalles, en la calma, nos devuelven a la cotidianidad. Desveladas las mentiras, queda la complicidad. Las risas, las nubes, los trayectos compartidos, los secretos y las confidencias -a voces o susurradas-, la comunicación, el alma. El silencio que no incomoda, la caricia, el refugio.
Luego el tiempo pasa. Hay amigos que son estrellas fugaces. Te regalan un deseo, te marcan por una vida y luego desaparecen, aunque ya permanezcan en ti para siempre. Otros -pocos pero inmortales- llegaron y desde el primer abrazo presientes que te acompañarán por el resto de tu vida, que desde cerca o desde lejos, caminan a tu lado. La amistad, a lo largo de la vida, a lo largo de cada segundo de la vida.

(Tarde de manta y peli)


Amistad a lo largo
(Jaime Gil de Biedma)

Pasan lentos los días
y muchas veces estuvimos solos.
Pero luego hay momentos felices
para dejarse ser en amistad.
        Mirad:
somos nosotros.
Un destino condujo diestramente
las horas, y brotó la compañía.
Llegaban las noches. Al amor de ellas
nosotros encendíamos palabras,
las palabras que luego abandonamos
para subir a más
empezamos a ser los compañeros
que se conocen
por encima de la voz o de la seña.
Ahora sí. Pueden alzarse
las gentiles palabras
--esas que ya no dicen cosas--,
flotar ligeramente sobre el aire;
porque estamos nosotros enzarzados
en mundo, sarmentosos
de historia acumulada,
y está la compañía que formamos plena,
frondosa de presencias.
Detrás de cada uno
vela su casa, el campo, la distancia.
Pero callad.
Quiero deciros algo.
Sólo quiero deciros que estamos todos juntos.
A veces, al hablar, alguno olvida
su brazo sobre el mío,
y yo aunque esté callado doy las gracias,
porque hay paz en los cuerpos y en nosotros.
Quiero deciros cómo todos trajimos
nuestras vidas aquí, para contarlas.
Largamente, los unos a los otros
en el rincón hablamos, tantos meses!
que no sabemos bien, y en el recuerdo
el júbilo es igual a la tristeza.
Para nosotros el dolor es tierno.
Ay el tiempo! Ya todo se comprende.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Las ilusiones perdidas, por Concha Caballero


Las ilusiones perdidas es un artículo publicado por Concha Caballero en El País el 2 de octubre de 2010. Un año más tarde, ha dado la vuelta a las conciencias, tras situarse en el número uno de las informaciones más vistas. En respuesta, ella ha publicado en su blog, Ideas, algunas de las respuestas que ha recibido de personas que se han sentido identificadas.

'Las ilusiones perdidas'

No se van en trenes con maletas de cartón pero llevan sus bienes más preciados: un portátil, un móvil de última generación regalado por un familiar o conseguido a base de una lucha de puntos sin cuartel. Suelen tomar un vuelo de bajo coste, cazado pacientemente en las redes de Internet. Se van a hacer un máster, o han logrado una mal llamada beca Erasmus que costará a la familia la mitad de sus ahorros. Otras veces van a hacer de au-pair, de auxiliar de conversación, o a cualquier trabajo temporal. La familia va a despedirlos a la puerta de embarque y mientras se alejan disimularán unos su pena y otros su incipiente desamparo. "Es por poco tiempo -se dicen-. Dominarán el idioma, conocerán mundo... Regresarán en pocos meses".

Hasta hace poco era un privilegio de los nuevos tiempos que les permitía gozar de una libertad sin límites, de un mundo sin fronteras, de una capacidad casi infinita de aprendizaje... Hasta que llegó la crisis y la maleta pareció distinta, la espera en la fila de embarque más embarazosa, la despedida más triste y el fantasma de la ausencia definitiva más cercano.

No. No llevan maletas de cartón, ni hay aglomeraciones en el andén de la despedida. No se marchan en grupo, sino uno a uno. Aparentemente nada les obliga. Ha sido una cadena invisible de acontecimientos. Estuvieron allí hace unos años, o tienen una amiga que les ha informado de que puede encontrar algún trabajo con facilidad. No pagarán mucho, eso es seguro, pero podrán ganarse la vida con cierta facilidad... A fin de cuentas aquí no hay nada.

Y se marchan poco a poco, sin alboroto alguno. Un goteo incesante de savia nueva que sale sin ruido de nuestro país, desmintiendo la vieja quimera de que la historia es un caudal continuo de mejoras.

No hay estadísticas oficiales sobre ellos. Nadie sabe cuántos son ni adonde se dirigen. No se agrupan bajo el nombre oficial de emigrantes. Son, más bien, una microhistoria que se cuenta entre amigos y familiares. "Mi hija está en Berlín", "se ha marchado a Montpellier", "se fue a Dubai" son frases que escuchamos sin reparar en el significado exacto que comportan. Escapan a las estadísticas de la emigración porque suelen tener un nivel alto de estudios y no se corresponden con el perfil típico de lo que pensamos que es un emigrante. Quizá en las cuentas oficiales figuren como residentes en el extranjero, pero deberían aparecer como nuevos exiliados producto de la ceguera de nuestro país.

En los tiempos de crisis que detallan cada euro gastado nadie computa los centenares de miles de euros empleados en su formación y regalados a empresarios de más allá de nuestras fronteras con una torpeza sin límites, con una ignorancia sin parangón. Menos aún se cuantifican el esfuerzo de sus familias, las ilusiones perdidas y sus sueños rotos en mil pedazos.

No llevan maletas de cartón, pero componen un nuevo éxodo que azota especialmente a Andalucía, que dispersa a nuestros jóvenes por toda Europa y gran parte del mundo, que nos priva de su saber, de su aportación y de su compañía. Pero, aparentemente nadie se escandaliza por esta fuga de cerebros, lenta pero inexorable, que nos privará de muchos de nuestros mejores talentos. Nadie protesta por esta nueva oleada de exiliados que son una acusación silenciosa del fracaso y de engaño. Se van en silencio por el túnel de embarque en el que les alcanzará la melancolía por la pérdida temprana de su tierra.

No son, como dicen, una generación perdida para ellos mismos. No son los socorridos ni-nis que sirven para culpar a la juventud de su falta de empleo. Son una generación perdida para nuestro país y para nuestro futuro. Un tremendo error que pagaremos muy caro en forma de atraso, de empobrecimiento intelectual y técnico. Aunque todavía no lo sepamos.

Conversaciones sobre el futuro

Geraldine Chaplin y Luz Casal conversan sobre el futuro


martes, 22 de noviembre de 2011

No es lo mismo, no

No es cuestión de elecciones, es más bien cosa de ética. Uno puede declararse ambiguo por definición, pasota por costumbre y hacer(se) creer de los de 'a mí la política no me interesa' cuando la misma frase es ya una mentira. Pero sólo podrá mantenerse al margen durante un tiempo. Al final vivir es elegir y elegir es mojarse. Y ser de derechas y haber votado al PP o ser de izquierdas y no haber votado al PP, no es lo mismo. Derecha e izquierda, por mucho que digan, no es lo mismo. No es cuestión de votar sino de actuar, y de hacerlo en consecuencia a unos principios. Principios precisamente políticos por muy anárquicos que puedan ser. Por eso ser de izquierdas es también que el alma te duela hoy más que ayer pero, desgraciadamente, menos que mañana.

lunes, 21 de noviembre de 2011

¿Qué queda cuando el pueblo se vende al diablo?

Cómo dormir cuando sabes que al cerrar los ojos vendrán las pesadillas y que al abrirlos, las pesadillas se convertirán en realidad. Cómo apostar por un pueblo que, agarrándose a las últimas esperanzas, se suicida regalándole, a través del voto, su alma al diablo. Un mapa que se tiñe de azul, pero que ni siquiera es del azul melancólico que recitaba Ruben Darío. Es de un azul sin poesía. Es un azul oscuro,  cínico, humillante, amenazante, deprimente y depresivo, que te araña, que te martiriza, que atentará contra la moral, contra los principios, contra la igualdad, contra los derechos humanos. Abocados al desarme emocional, al desastre. Azul se vuelve España, al igual que, en un adelanto del drama, se volvieron hace unos meses la mayoría de las autonomías. Es un azul que sabe a negro. 

Pero España no ha muerto... Sólo que ahora toca trabajar duro por despertarla del coma profundo en el que acabamos de entrar y en el que todo irá a peor. ¡Fuerza!

Cubrir estas elecciones ha sido un trabajo interesante, he aprendido a reconocer. Y me ha dado ánimo  y energía para seguir mirando hacia el futuro. Despertaron conversaciones, algunas a la luz de la luna, otras a través de mensajes, con los que están lejos y con los que están cerca.. Palabras y hechos que te demuestran quiénes están ahí y quiénes merecen la pena. Porque detrás de unos resultados devastadores para la libertad, quedan las almas que sé que algunos tienen.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Votar


Entre los descontentos y los confusos, entre los que se agarran a lo nuevo como única alternativa por muy suicida que sea y los que creen que la política no les interesa. Y para colmo, los vagos que ignorando el trabajo que costó conseguir el derecho al voto, se quedarán en casa dándolo todo por perdido o todo por ganado. Votar no es sólo un derecho, debería ser un deber, real y moral. Yo sí voto, lo tengo claro. 

lunes, 14 de noviembre de 2011

Asesinos a sueldo en mitad del caos


El caos dejó de ser ese desorden de jugadas amistosas para convertirse en un asesino a sueldo. Allá, Berlusconi dimite, pero no lo hace por la fuerza de un pueblo que grita al unísono, sino por la venganza del poder y la mano hambrienta de la economía. Acá, la política se convierte en entrecomillados constantes y almas que sólo se dejan ver cuando les ilumina el mar.

Nada importa, porque lo que queda son los vasos rotos que ya no tienen arreglo tras la discusión, el día a día contaminado. Las lágrimas derrochadas en las sábanas sólo auguran el dolor de cabeza posterior a la llantina. Se hace insoportable el transcurrir diario de un mundo que se devora a sí mismo, una ciudad que se atraganta con sus propios escupitajos.
El sonido y el ruido de cada pesadilla. ¿Y si lo que pensabas que merecía la pena era sólo un cuento chino para no caer al precipicio? Cuando dejamos de creer en lo que hacemos, se rompe la red que nos separa del vacío. El compromiso lo cambiamos por la velocidad, la pasión por una batalla inútil en la que nos supimos perdedores el día que dejamos de empuñar las armas bajo la presión de las amenazas. A la sinceridad se la engulló el orgullo, los nervios, la precariedad, el miedo, la saturación, la rabia contenida, la decepción, la tristeza. Las risas robadas al tiempo, las preguntas sin respuesta, la injusticia. Se achicaron las almas porque se las fue comiendo el miedo. Hacer frente a las constantes decisiones. Que los enfados te impidan hablar, que la desconfianza pese más que los abrazos, que el silencio pueda más que la autenticidad, que el caos te impida entender el mundo. No el de allá, sino más bien el de acá. 

domingo, 30 de octubre de 2011

A cañonazos


La decepción también te desvela el sueño. Cuando las expectativas mueren tras chocar con el muro de contención que alza la realidad, el golpe es duro. Nos dijeron que esperáramos, que lo imposible sólo tardaba un poco más. Era mentira. El tiempo pasa para recriminarte que las miras demasiado altas, al final, sólo producen vértigo. La vida se desmorona. Al mundo le golpean duras tempestades. Una crisis mundial que asola deja impotentes a, sólo en España, cinco millones de parados a los que se les niega el autodesarrollo personal. Jóvenes al borde del suicidio ideológico. La desmotivación asola. 
No difiere demasiado de esa generación confusa de personas de cincuenta, a los que la vida no les ha devuelto todo aquello que fueron entregando a medida que la transitaban. Probablemente, ni siquiera una parte representativa de lo que entregaron, de lo que fueron perdiendo por el camino agarrándose a un montón de ilusiones que resultaron ser espejismos. Elegimos la salida equivocada y ahora, en plena oscuridad, ni siquiera nuestra propia sombra nos acompaña. 
Cuando la decepción llega de tú a tú duele el alma. Automarginándonos de un mundo que no nos comprende, elegimos –aún nos quedaba eso, la capacidad de decisión–, y en esa elección ponemos corazón y cabeza, ponemos entrañas. La decepción no llega anunciada con grandes carteles. Basta con un gesto, con una palabra equivocada que te desvela la falta de confianza, la falsedad de cualquier aparente previa muestra de cariño. No es orgullo, es miedo. 
Decepción final ante ti mismo, porque el optimismo que te caracteriza ha sido una pistola de juguete contra un entorno que te dispara a cañonazos.