martes, 4 de octubre de 2011

4 de octubre


Todo fascina


No hay un solo destino / en cada vida
se abre a menudo otra trayectoria
que nos hace señales en la noche
cuando no estorna el sol inoportuno.

Todo fascina / todo nos atrae
son historias con algo de primicias
y en lo desconocido nos seduce
el cargamento de las novedades.

Cada realidad propone un signo
con una borrachera de confianza
y así nos perfilamos / obedientes
con señas derivadas de otras señas.

En este pedacito de pronóstico
somos los extranjeros del espíritu
el lenguaje del viento dice cosas
que ninguno se atreve a traducirnos.

Pesadillas del aire se entrelazan
preguntamos y nadie nos responde
al parecer un destino es el silencio
y al cabo del silencio está el futuro.

Mario Benedetti


Llegó el 4 de octubre y jugamos las cartas a un futuro. Agarramos las señales de la noche y decidimos que aún todo fascina. 

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Mi Italia... Y la de Miguel Mora


Que se lo digan a A., que encontró a su gran amor en Roma; o a V., que no se enamoró de uno sino de todos los italianos que le enseñaban las playas de Salerno. O a A. y a L. con las que compartí mis primeras croquetas peruginas pero también mis más secretas confesiones. Que le pregunten a S., otra de las que se quedó prendada de un italiano, F., que nos cocinó las mejores pastas, mientras su prima, los mejores risotti. Aunque de V. me quedo con los helados compartidos. O, por supuesto, a C. Qué decir. 

Son iniciales de algunos de los nombres a los que me sabe Italia. En este caso, la segunda parte de mi Italia. Debe ser extraño vivir en ese país, aunque sólo sean unos meses, y no quedarse prendado y atrapado. Por eso uno deja algo de sí mismo enredado entre las personas con las que compartió experiencias, con la esperanza de poder volver a recuperar sus piezas algún día. 

Viví tres meses en Venecia y, dos años después, nueve en Perugia. Doce en total, que no voy a ponerme ahora a relatar porque para eso sólo hay que dar marcha atrás en este mismo blog o en tantas otras páginas que dejé desperdigadas en aquel momento. Sólo puedo decir que el tiempo allí lo aproveché, que fueron muchas horas recorriendo en 'Trenitalia' el país de arriba a abajo. Muchas experiencias adheridas a la piel y que nos une en eterna complicidad a los que las compartimos en aquellos momentos. Abundante comida y emocionantes descubrimientos. 

Si todo esto me viene a la mente ahora es porque ayer me enteré -con un poco de retraso, cierto es- de que Miguel Mora deja su corresponsalía en Roma para marcharse a París. Mi Italia también sabe a los artículos leídos con devoción y envidia -¿qué periodista no envidia su puesto de corresponsal en la ciudad eterna?-, antes, durante y después de aquellos meses italianos. Su despedida, en el blog de El País, me puso los pelos de punta. 

Ahora, en su nueva aventura, en la Francia en la que ya está inmerso, sólo puedo decirle: 'In boca al lupo'. 
Y sé, sin conocerlo, lo que Miguel Mora me respondería...

Arrivederci Roma!
"Señoras, señores, se acabó lo que se daba. Il Capo ha decidido que hay que irse a París, y allá que vamos, y a toda lait que la cosa está que arde. Sarkó, Carlà, el nasciturus, sus biberones, DSK recién resucitado de sus (evanescentes) acusaciones, calentones y fluidos, y si hay suerte la victoria de Madame Le Pen y la hecatombe del euro... No parece mal plan de curro, aunque he de reconocerlo: la despedida es durísima. Duele mucho dejar Roma, Italia, e incluso Vaticalia. Y no quiero ni contarles el sofocón que llevan mis pobres hijas desde que se enteraron de la noticia. Vaya usted y explíqueles ahora que eso que les dicen los trasteverinos de mio unico e grande amore es solo retórica. Sí ja."

Lee aquí la despedida completa de Miguel Mora. 

Como la Sirenita


La primera clase de aquafitness, esta mañana, no hacía otra cosa que anunciar un día acuático. “Como la Sirenita, o como el astronauta que pisó la luna, sin brusquedad, suave”, me indicaba Erika mientras, cogiéndome de la mano, me hacía sumergirme en el mar. Al fin el prometido bautismo de buceo en el Diving Center, a escasos días de que el verano toque a su fin. 
   El miedo, metido en el cuerpo por mi madre y por Cristina, y reforzado por el trágico ahogamiento de dos hombres hace pocos días, se disiparon con el tono cantarín de la argentina Erika, que me proporcionó seguridad. Ya en el mar, como en la radio, los gestos con las manos daban paso a la escena. Como en una película, el mar me abrazaba. 
   Me dolía la mandíbula de apretar tan fuerte el respirador. ¿Y si en mitad del mar se me salía de la boca?, era mi temor. El entaponamiento de oídos se iba pasando si ponía en práctica los ejercicios que me habían explicado: taparte la nariz y respirar.


Apenas tres o cuatro metros de profundidad. Suficientes para mi primer contacto marino. Peces 
pequeñitos y grandes, corales y erizos. Un nada uniforme suelo marino. Increíble. Lo más complicado era controlar el peso, no hundirte tanto que la barriga tocara la tierra, pero tampoco flotar sin lograr descender. Nueve kilos de plomo compitiendo contra un chaleco lleno de aire. Y mi mala coordinación puesta en juego. Dice mi primo, que ha bajado hasta 42 metros, que llegas a tal desconexión de la superficie, que ya no sabes si arriba es arriba o a la derecha... Parte de esa abstracción la he experimentado hoy.

De vuelta a casa y para finalizar un entretenido y apasionante día de descanso -lo empecé con una ácida y maravillosa película, Los limoneros-, he terminado el libro que estaba leyendo –de periodistas metidas a detectives– y que he devorado de manera apasionada en unos días, pero esa es otra historia. De momento, mañana (en unas horas realmente) habrá que volver a la redacción.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Dubitativo septiembre


Volver -ya ni me acuerdo- de vacaciones se me hizo cuesta arriba. El horizonte de páginas en blanco me pareció negro. Pero al final no lo fue tanto. Pensé que agosto no terminaría nunca y, sin embargo, sin darme cuenta se esfumó (y con él mis 26...). Ahora empezamos septiembre y este mes -ahora sí- sé que se me va a hacer cuesta arriba. Porque hay cosas que no cambian y me conozco, sé que como en otras ocasiones, septiembre es siempre un mes de toma de decisiones, algo que en este nuevo inicio se repite. Y una -para la que la decisión no es precisamente su gran virtud-, no lleva bien esos momentos, por muy bien que sí lleve los cambios. A esto se le suma ausencias que no me deberían afectar pero lo hacen, me desmotivan; y conocimientos/presentimientos que, a su vez, fomentan el ocaso, las contradicciones. Además, cambia el clima y el espíritu se enturbia. Ganesh es el Dios hindú de los buenos comienzos. Igual me agarro a él, a ver si me inspira.

jueves, 11 de agosto de 2011

Los humanos que hay detrás de las historias

Pasan la una de la madrugada y debería dormir. Más que nada porque tengo que estar a las siete y media de la mañana en la redacción. 
Supongo que 'rallarme' no soluciona nada. Sé por experiencia que dar vueltas en círculo solo lo hacen los ponis de feria. 

Hoy he entrevistado a un joven inmigrante de Somalia. Llegó a Ceuta cuando yo estaba en la universidad. El verano en que terminé la carrera lo deportaron. Pero se equivocaron de país y se encontró en Nigeria sin conocer a nadie, sin dinero, sin ánimos. Ha tardado dos años en volver a convertirse en un inmigrante ilegal en España. Uno de los más de 700 que aguardan una solución 'atrapados' en Ceuta.
Cada uno de ellos arrastra su drama. Guerras, en su mayoría, que les obligaron a dejarlo todo por sobrevivir. 
Algunos se buscan un trabajo en la ciudad para sostener la espera. Como Youssouf, que trabaja de 'aparcacoches'. Pero más que por dinero, lo hace "por no darle vueltas a la cabeza".

Parece que lo de 'comerse el coco' es universal. Pero qué diferencia entre unas 'neurosis' y otras. Me he pasado un par de días dando vueltas sobre los mismos temas: ansiedades, conflictos internos, roces con compañeros, vocaciones, amistades, vanidades no resueltas, abrazos, dudas constantes... Paranoias varias que no llegan a nada y que ni siquiera me atrevo a relatar y explicar mirando a los ojos. Castillos de naipes que destruye el Levante de estos días. A veces no soy capaz de compartir mis pequeños problemas. Quizás por eso me refugio en este escaparate que yo me hago creer a mí misma que es infranqueable. 

Escribo en un folio mientras mi gata no cesa de morderme. 
A estas horas, varios de los inmigrantes que he entrevistado esta tarde estarán durmiendo al relente. Más allá del color, de la riqueza, del idioma, nos unen las vueltas a la cabeza. Eso es propiedad de cada uno de nosotros, conflictos mentales que, más nimios o más trascendentales, nos provocan insomnio. Nuestro pequeño mundo que para nosotros es enorme. Pero algo nos diferencia, y es que yo tengo algo que no tienen ellos: la posibilidad de elegir.

Hoy he recordado que el periodismo me apasiona porque me permite desayunar con un político ecologista, comer con una pintora artista, merendar con un inmigrante y cenar un cúmulo de ideas renovadas. Me gusta las 'historias humanas', me gusta conocer a los humanos que están detrás de las historias. El periodismo te ofrece la riqueza de darte cuenta de que, en paralelo a tus miserias, hay un mundo enorme al alcance de la mano en el que todos tenemos cabida.

lunes, 8 de agosto de 2011

Si no lo necesitara


Ahora que ya tengo carné de prensa, ahora que ya los textos escritos en periódicos rebosan las cajas de zapatos, ahora que ya sé que no hay nada en el mundo que me guste tanto ni que me haga sentir tan viva como este oficio, puedo dejarlo todo y cambiar de profesión. 

Abandonar el periodismo y dedicarme a algo más banal y más sencillo, sin implicaciones, sin pasión.
Cualquier empleo cotidiano y mecánico que no me acarree contradicciones, que no me provoque dolor de barriga ni nervios ni miedo ni ansias de superación. Que no me haga sentir ni mal ni bien. Un trabajo como el de tantos otros, que no me de problemas ni disgustos, ni me cause llantinas sin explicación. Que no me haga dar vueltas en círculo a su alrededor en mis días libres. 
Al contrario, un oficio que sea tan insípido, tan absurdo, que corte de cuajo la necesidad constante de dedicar a él una amplia parte de mis pensamientos. Un trabajo sin responsabilidades, pero también sin jefes, sin compañeros a los que acabe convirtiendo en amigos, un trabajo que no me permita entablar relaciones, que me dehumanice, que me aísle, que no me haga sentir indefensa, que no me permita encariñarme, que no me haga requerir de palabras ni de abrazos, ni de confesiones a gritos, ni de devociones compartidas; un trabajo con el que no necesite a nadie, que me haga fuerte. 

Si no tuviera tantas ganas, tantas dudas, si no me permitiera enamorar, apasionar, si no todo fuese negro o blanco, si supiera controlar cada uno mis latidos, de mis respiraciones, entonces quizás todo sería más fácil. Más absurdo, más muerto, pero más fácil. 

lunes, 1 de agosto de 2011

Volver de vacaciones, la nube y la feria

¡Allez hop!
¡Titiritero, allez hop!
de feria en feria.
Siempre risueño,
canta sus sueños
y sus miserias.













La abstracción se genera en cuestión de segundos. En Ceuta he aprendido a desconectar. Si sé ausentarme en un fin de semana, con más razón en quince días. Por eso volver a trabajar ha sido como un jarro de agua fría que ha estado ( y está) acompañado de un incesante dolor de cabeza. No echaba de menos trabajar, ni por pasión primeriza. Y eso no debe ser bueno. Lo que sí tenía ganas era de achuchar a algunos, pero en contextos ajenos. En la nube. Tampoco es bueno añorar. Hoy me he visto desde fuera. Era como un rollo de fotos de los antiguos, podía salir y entrar y las acciones evolucionaban pero permitiendo incorporarme en cualquier momento. Suserrealismo preciso y ordenado. Un negro muy claro. Turquezas. Y la mente a una velocidad mucho mayor que mi capacidad de escritura. Claro que eso tampoco es demasiado difícil.

La feria. Escenario en el que he aterrizado. Deambular entre cacharritos, sola en la madrugada, preguntándome a quién preguntar. He cubierto la feria en todos los medios en los que he trabajado. Se repiten, como las frases de un mantra. Pero todas son similares. Es más, empecé a ser prácticas gracias a unas ferias. Lo primero que publiqué en prensa, ferias. Pero esto venía de antes. De una adolescencia veraniega de curranta en las Colombinas. Quizás por eso mis amigos asocien estos festejos a que yo trabaje en ellos. Fui primero niñera de niños feriantes y después parte de ellos, tombolera. Mis primeros ahorros los hice en la feria. Quizá de aquello he heredado tener este alma de titiritero.

Agosto. Nube mental, ferias, ¿Y de qué voy a escribir mañana? Dios proveerá... o, en pleno Ramadán, Alá.  Empieza el estrés. Creo que estas vacaciones he pensado demasiado, pero sólo puedo contar la mitad. Por qué no sé cuánto de todo esto es verdad...

jueves, 14 de julio de 2011

Vacaciones


Ponerle loción antiparasitaria al gato. O dejarle a Virginia todas las instrucciones: que le eche comida, que le ponga agua fresquita, que le limpie la arena... (Y que me riegue las Cintas) Decidir, antes de que se acaben los plazos, si me apunto o no a inglés. Pagar los recibos (de luz y agua) por adelantado. Meter en un pen-drive los documentos que me vayan a hacer falta (va a ser que sin escribir en quince días no podré estar). Seleccionar sólo la ropa que voy a ponerme, los zapatos que voy a usar, los libros que de verdad me apetece leer. Conjurarme conmigo misma para no levantarme temprano (voy a dormir). Comprar cereales para traerme a Ceuta. Estar pendiente de la placa verde que señala la entrada en la península, para iniciar la cuenta atrás.

Me voy de vacaciones. No me llevo al Ingesa ni al Hospital Universitario, ni al Hospital Militar ni al SUAP. No me llevo a las malditas agencias con teletipos de atraso ni a los e-mails del Gobierno de la Ciudad y de los sindicatos. No me llevo las graduaciones militares, ni su cerrada política de comunicación. Tampoco las agendas culturales, los estrenos, las exposiciones, los conciertos y los días puntuales. Y dejo en Ceuta la ansiedad. Me llevo, eso sí, la sensación extraña de irme de vacaciones de mujer trabajadora por primera vez. La esencia de crecer. 
Estoy agotada, exhausta de malas noticias, y sin embargo, dispuesta a volver a la brecha. En agosto, seguramente, todo seguirá igual. La actualidad desmiente cada día su propio nombre. O quizás todo será distinto, porque los ciudadanos que se han atrevido a decir que no, para asistir asombrados al prodigio de las miles de voces que se han unido a la suya, saben ya de lo que son capaces.
Sobreviviré a las vacaciones. No sólo eso, desconectaré. Aventura, familia, playa, amigos. Los noes de hoy serán síes de mañana. Con esa esperanza me despido de ustedes. Disfruten de la luz de este verano.


(Palabras versionadas del artículo publicado por Almudena Grandes en El País el pasado lunes). Artículo completo. 

lunes, 11 de julio de 2011

El gofre


E-mails pendientes. Susurros de los días libres. 
El chino, como un mantra: el de niña en los domingos tiernos, el de los martes cómplice en la facultad, el de los lunes en el surrealismo. 

Gofres precocinados con chocolate. Libido veraniego. Mochilas con agujeros. 
Los abrazos no valen si son pedidos. La comida se enfría. 

Una peli de tres horas, con banda sonora en directo. 
Mil dudas y mil sueños. Y otras mil dudas.

Desconfianza. Repeticiones. 
Los días, atropellados. Las vacaciones, a la puerta.

domingo, 10 de julio de 2011

¿Sus vidas cuánto pesan? (Las respuestas en 'Up in the air')

"¿Sus vidas cuánto pesan? Imaginen por un segundo que llevan una mochila. Quiero que noten las correas sobre los hombros, ¿las notan?
Ahora quiero que la llenen con todas las cosas que tienen en sus vidas. Empiecen por las que hay en los estantes y los cajones, las tonterías que coleccionan. Noten cómo se acumula el peso.
Ahora cosas más grandes: ropa, pequeños electrodomésticos, lámparas, toallas, la tele. La mochila ya pesa. Ahora, cosas más grandes: el sofá, la cama, alguna mesa…
Métanlo todo dentro: el coche, la casa, un estudio o un apartamento de dos dormitorios.
Quiero que introduzcan todo eso dentro de la mochila.
Intenten caminar. Es difícil, ¿no?
Pues esto es lo que hacemos con nuestra vida a diario. Nos vamos sobrecargando hasta que no podemos ni movernos. Y no se equivoquen, moverse es vivir."

"Tienen otra mochila. Sólo que esa vez deben llenarla con personas. Pueden empezarla con los conocidos: amigos de amigos, la gente de la oficina, y luego pasen a las personas a las que confían sus secretos: sus primos, tíos, tías, hermanos, hermanas, sus padres, y por fin, su marido o su mujer, su novio o su novia.
Métanlos en la mochila. ¿Sientan el peso de la mochila?. Puedo asegurarles que sus relaciones son la carga más pesada de su vida. ¿No sienten un peso clavándose en sus hombros? Todas esas negociaciones,  discusiones, secretos y compromisos... No necesitan cargar con eso".

Furtiva, divertida y apasionada. En las nubes te deja 'Up in the air'.
Me han encantado los diálogos, aunque me quedo con una escena: la conversación a tres bandas sobre la vida y el hombre perfecto.

Hasta a George Clooney, en su papel de Ryan Bingham, un hombre que por su trabajo -despedir a empleados de grandes empresas- se pasa el día volando, pueden ponerle la vida del revés. Así pasará cuando aparezcan en escena una nueva compañera de trabajo, la joven Natalie (Anna Kendrick), y su aparente alma gemela, Vera Farmiga. No hay nada como ponernos en constante contradicción…

martes, 5 de julio de 2011

El ego, Chila, mis primeras vacaciones y otros 'melodramas' caballas


Mi gata Chila me mira como diciéndome: 'Entiendo, cariño, todo eso que me estás contando'. Pero, después, la tía viene y lo único que hace es pegarme un mordisco. Entonces comprendo su respuesta: 'Hija, no melodramatices, déjate de cuentos y échame de comer'. Chila está obsesionada con la comida. Yo, la aprovisiono de alimento y le cuento mis cuentos. 

Como a quien se le sube un tendón, a mí a veces se me sube el ego -le explico a Chila- y me vuelvo de lo más vanidosa. Me pillo unos mosqueos tremendos por que tal o cual tema no me lo han dado a mí o por qué aquella historia la va a escribir fulanito en lugar de escribirla yo. Normalmente, como esto del ego suele responder a impulsos irracionales que no puedo justificar, y además yo no soy de montar numeritos, a lo único que me lleva es a, como a un niño chico al que le niegan lo que reclama, pillarme unas llantinas tontas y exageradas, que cuando, con desconsuelo e impotencia, termino de llorar, hacen que me sienta de lo más ridícula. 

El ego es mi primer problema; el segundo, la lentitud. Empiezo a creer que los demás se creen que soy lenta queriendo. Entonces yo me acuerdo de las noches con Cristina Durán en ABC o de la de veces que me he quedado la última, allá donde voy. Me retumba la frase esa de que 'bien hecho y tarde' es lo mismo que 'mal hecho y a tiempo'. Así que si con las prisas, encima de tarde, la información queda mal, ya es para 'Apaga y vámonos'. 
Pero es que las tardes pasan a una velocidad de vértigo. De las cinco a las seis, el tiempo no existe. Y al final siempre son las siete y media y aún estoy con la primera de mis tres páginas. La ansiedad llega más tarde. Y como empiecen a hablar de editoriales es cómo: 'Oh, Dios, pero cómo escribo tan lenta!!??' 
Después están los factores externos, siempre hay algo que nos hace entretenernos. Son las consecuencias de que la redacción sea un poco como el salón de casa. Como una familia en la que siempre hay algún miembro con alguna historia queriendo compartirla con los papis o los hermanos. Pequeñas cotidianidades que nos dan la vida.

Es lo que puede llegar a pasar con un trabajo tan absorbente y en el que echas tantas horas, más aún si tus 'compañeros de oficina' terminan convertidos en la gente en la que confías y con la que compartes tus emociones. Hay quienes piensan que eso puede ser perjudicial para el rendimiento laboral y por ello fomentan una actitud de competitividad y recelos, de mal ambiente en la zona de trabajo. Yo, por el contrario, pienso que el buen clima es una de las grandes ventajas de este trabajo. El sentirte como en casa implica que, a la hora de trabajar, además de tu esfuerzo como profesional y de tu pasión como amante de tu oficio, acabes sumándole el compromiso personal que has adquirido; es decir, te sientes en la obligación de poner todo tu empeño en realizar un buen trabajo, no sólo porque es tu profesión, sino también porque estás implicado emocionalmente. Gracias a ese buen ambiente, defiendes no sólo tu trabajo, sino el de toda tu 'manada'.

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Hoy libro, prueba de ello es que tenga tiempo para estas divagaciones con Chila; después, eso sí, de unas cuantas horitas en la piscina. En diez días, la historia cambiará: me voy de vacaciones. 
Ya, es algo habitual para todos los trabajadores; pero para mí tienen un significado especial: son mis primeras vacaciones laborales.
Estaban aquellas del instituto. Tres meses de campamento, playa, botellones y lecturas veraniegas. Después llegó la Universidad y con ella, primero los trabajos de verano, después las prácticas de verano. Primero de julio significaba empezar como becaria en un nuevo diario. 
Esta vez, el 1 de julio fue trabajar como un día más. Tengo vacaciones del 15 al 30 de julio. Vacaciones de mujer adulta, de mujer trabajadora. 

En Ceuta suelo tener la sensación de que no me da tiempo a asimilar tantas cosas que aprendo; que se me escapan las conclusiones de los pasos que doy, los matices de las historias que tengo el lujo de escuchar en cada noticia, en cada comida compartida, en cada rato, en cada esquina. Pero a veces la fregona se llena de demasiada agua y no seca.
Vine para tres meses, llevo seis y pico, y, de momento, mi intención es quedarme. A veces me sorprendo a mi misma haciendo planes de futuro, como, por ejemplo, ir este invierno a la piscina. Entonces me rallo porque no pensé que me quedaría en Ceuta por mucho tiempo. Imaginé que me agobiaría antes y la verdad es que, por ahora, estoy feliz en esta peculiar ciudad. No sólo eso, deduzco, además, que no querré irme mientras tenga esta sensación de que aun se me escapan demasiadas cosas y de que Ceuta me pone por delante un abanico enorme con miles de cosas que descubrir. 
Todo evoluciona, la ansiedad por no encontrar temas pasa a convertirse en ansiedad por no encontrar buenos temas, la lentitud se afianza como un reto pendiente, el horizonte no es más (ni menos) que el cierre de cada día. Y la sensación de soledad y desamparo de los primeros meses ahora se ha convertido en tener a gente al lado que empieza a hacerse un hueco en el corazón. Soy una cursi, aunque tenga fama de poco romántica.

Si tiene razón Chila, menos ralladas y a disfrutar de todo un verano que tenemos por delante.

sábado, 18 de junio de 2011

Secretos


Secretos compartidos, y secretos que aún no me atrevo a confesar.

Días que pasan demasiado rápidos. 
Puñaladas de vanidad y ego que me juegan malas pasadas.
Ilusiones ante sueños nuevos, ante rostros desconocidos.
Cambios de humor: enfados, gritos, prontos de rabia, injusticias.
Susurros.
La ausencia de los nombres, la carencia de los abrazos.
Aprender a mucha velocidad y asimilar con lentitud.
Asomarse al abismo y resbalarse. No estar a la altura o tener miedo -siempre el miedo- de no estar a la altura.
Escuchar los aullidos lamentosos de mi gata. 
Mirar al mar y pensar, una vez más, que nadie me entiende.

domingo, 29 de mayo de 2011

Leer, con ansiedad

"E mi ricordo ancor io che in poco maggior età, era innamorato dei racconti, e del maraviglioso che si percepisce coll´udito, o colla lettura".
28/01/1821. Giacomo Leopardi. 

(Y mi recuerdo es de un poco más mayor, estaba enamorado de los relatos, y de lo maravilloso que es percibirlos por el oído, o por la lectura)


Perseguía libros, hace un año, Retiro arriba y abajo. Este año es más sencillo, son tres pequeñas filas, con tres librerías ceutíes. A la pregunta de si está tal libro, la respuesta más probable es no. Así es Ceuta, poco literaria. Aún así, una sucumbe y vuelve a casa con alguna futura lectura que ya habrá tiempo de leer cuando llegue el momento.

Y así llega la primavera-verano, con sabor a Feria del Libro.

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Ayer, descubrí este poema:

Libros 

Quiero quedarme en medio de los libros
vibrar con Roque Dalton con Vallejo y Quiroga
ser una de sus páginas
la más inolvidable
y desde allí juzgar al pobre mundo
no pretendo que nadie me encuaderne
quiero pensar en rústica
con las pupilas verdes de la memoria franca
en el breviario de la noche en vilo mi abecedario de los sentimientos
sabe posarse en mis queridos nombres
me siento cómodo entre tantas hojas
con adverbios que son revelaciones
sílabas que me piden un socorro
adjetivos que parecen juguetes
quiero quedarme en medio de los libros
en ellos he aprendido a dar mis pasos
a convivir con mañas y soplidos vitales
a comprender lo que crearon otros
y a ser por fin
este poco que soy.

(Mario Benedetti)

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En estos días, la lectura suele ser un tema referente, al menos en las columnas de algunos periodistas. Yo recupero una, de Elvira Lindo, que en su día me fascinó. 

Leer

Leer. Leer sin ganas. Leer por aburrimiento. Leer para no hacer ruido. Leer para dejar que tu padre duerma la siesta. Leer porque no te dejan poner la tele. Leer porque ya nadie quiere contarte un cuento. Leer porque te han castigado sin salir. Leer porque estás en la cama con fiebre. Leer porque estás solo. Leer porque imitas a tus hermanos mayores. Leer porque lo hace tu madre. Leer libros para niños. Leer novelas que no te dejan leer. Leer hasta que te apagan la luz. Leer sin leer, pensando en otra cosa. Leer en la biblioteca. Leer todos los libros de la biblioteca infantil. Leer porque tu hermana lee en la cama de al lado. Leer libros de Tintín en casa de tu abuelo. Reir porque tu tía llora con una novela. Llorar porque te da pena el abominable hombre de las nieves. Leer y leer y leer cinco líneas sobre sexo. Leerlas y leerlas una vez más. Leer porque quieres estar solo. Leer porque te sientes solo. Leer porque te crees distinto. Leer para encontrar almas gemelas. Leer aquello que aún no has vivido. Leer para llenarte la cabeza de pájaros...


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Hay otros textos que también me emocionaron...

"Hay que haber leído al compañero de todos los viajes los destinos soñados con Las ciudades invisibles de Italo Calvino y la Guía de lugares imaginarios de Alberto Manguel y Gianni Guadalupi.
Hay que haber leído a quien contigo desayuna la noticia del periódico que te acaba de indignar.
Y hay que haber leído al amado y al amante, en la cama, poco antes de dormir, el párrafo en el que acabas de encontrar expresado un secreto." 


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En este domingo de libranza he podido recuperar viejas lecturas. 
Leer con pasión. Leer con felicidad.
Ceuta es poco literaria, pero me ha regalado hoy una escena de novela: 

Esta tarde, en la cubierta de un velero, he leído con ansiedad.

viernes, 27 de mayo de 2011

Periodismo Real


¿Qué es Periodismo Real?
Mira este vídeo.
http://youtu.be/fPDht7dURDU

"El movimiento 'Democracia real ya', basado según voces expertas en el increíble fenómeno de la Primavera árabe, ha inspirado a su vez a un grupo de periodistas que ha creado la plataforma 'Periodismo real ya'.

Los periodistas también se hicieron oír entre la clase política por medio de la iniciativa #sinpreguntasnocobertura, promovida desde las redes sociales. FAPE, APM, el Colegio de periodistas de Cataluña y los consejos informativos de TV3 y TVE dieron forma a la protesta creando un manifiesto en el que pedían que la Ley electoral eliminase la imposición de bloques informativos a las televisiones privadas y respetase así el criterio de los profesionales, además del fin de las ruedas de prensa en las que los políticos arrojan su propaganda electoral sin abrir turno de preguntas. El manifiesto consiguió más de 10.000 firmantes, entre ellos los principales medios de comunicación y asociaciones profesionales".

(Artículo completo en PRNoticias)


Periodismo Real tiene un blog
Y está Twitter.

MANIFIESTO PERIODISMO REAL


-No a los contratos basura.
-No a los despidos masivos.
-No a los becarios de 35 años.
-No a los políticos empotrados en los medios.
-No al periodismo multitarea a dos duros.
-Copiar, pegar y revender son delitos.
- No a las prejubilaciones, necesitamos maestros.
-La información no es espectáculo y los informativos no son un circo. 
-No a la extinción del servicio de enviado y corresponsal.
-Servicio público y sentido de la responsabilidad.



jueves, 26 de mayo de 2011

martes, 24 de mayo de 2011

La playa, ahí al lado


Lo importante y lo superfluo. Diferentes prismáticos para mirar al mismo horizonte. Los insultos o las réplicas. Los amigos, los que sabes, los que lo demuestran. Los abrazos quebrados. Levedad frente a montañas muy altas. Alfombras voladoras para surcar cielos violetas. Miedos imposibles que esconden en canciones. Dudas sociales. Ilusiones. Ratones y elefantes jugando al escondite por callejones baldíos, pero llenos de naranjos. Enigmas asustadizos que saben a agua con gas. Una pregunta con millones de respuestas. Una respuesta huérfana de preguntas. La música, en dos minutos. La pantalla de este ordenador. Una tarde de medias madrugadas. Un maullido en la noche, el sudor frío. El levante asustadizo que frena impulsos suicidas. El eco. El silencio para frenar el ruido de la muchedumbre. La playa, ahí al lado.

domingo, 22 de mayo de 2011

Mi voto


"La crisis ha sido una lupa que ha hecho muy visibles las desigualdades y privilegios, en descrédito de la política. Cuando el principal tema de debate político son los políticos mismos como problema, es lógico que lo que ha unido a esa heterogénea protesta sea el rechazo de los partidos. Sin embargo, la idea de una democracia sin partidos, asamblearia, no solo es inaplicable en un país moderno, sino germen del peor populismo. Muchos de los problemas que planean sobre la crisis de representatividad son reales, pero no se resuelven absteniéndose, sino ejerciendo el derecho al voto, que implica el de exigir cuentas a los electos y poder cambiarlos cada cuatro años: ahora les toca el turno a ayuntamientos y comunidades autónomas". (Sigue leyendo)


Ceuta permanece ajena, en su mundo, en su ficción hecha realidad. A través del móvil escucho los gritos aupados desde la Puerta del Sol. No tienen nada que ver con los que hace unos días sonaban aquí, en la plaza más céntrica de esta ciudad autónoma. Lo local confundido con los intereses personales. El bipartidismo nacional jugando en diferente liga que la batalla campal de esta ciudad. Voto, y lo hago sabiendo qué voto. Se presentan siete partidos. Me sé el nombre de los políticos que componen sus listas, he aprendido a fuerza de escuchárselos repetir sus programas electorales, esos que no cumplirán, sé con qué armas se mueven cada uno de ellos en este juego. 

Cubrir informativamente una campaña electoral es agotador y llega a sacar lo peor de nosotros. Voto con conocimiento de causa. Voto porque estoy convencida que abstenerse no es la solución. Pero tampoco lo es la digresión. Voto porque sé que aunque me niegue formó parte del sistema, y puestos a reivindicar y a mostrar mi disconformidad, quiero hacerlo exigiendo que se cumplan todos mis derechos, absolutamente todos. 
Ideológicamente optaría por la anarquía feliz, por esa radicalidad vestida de libertad extrema. Pero sé que el es necesario un control, aunque nos pese, aunque nos amarre. Son necesarios los escaparates, igual que lo son los modelos y los referentes. Aunque sea difícil encontrarlos.

Ya tuve estas conversaciones en las elecciones generales. Me divertían los soporíferos debates porque generaban conflictos y dudas, aunque fuesen intercambiados vía sms.

Metida en la cabina, con un sobre y siete posibles papeletas, me parecen deprimentes las siete opciones políticas a las que puedo optar. Me parece bien gritar, imprescindible, pero me parece también importante votar, necesario. En cualquier caso, me parece más coherente ir hasta allí, hasta las urnas, que quedarme sentada en el sofá diciendo que no puedo hacer nada por cambiar este mundo. Creo que aún estamos a tiempo de convertir las utopías en realidades.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Días verdes, días amarillos


Asumámoslo. Este trabajo no es de los de colgar el mono en el perchero y vida dentro-vida fuera. Aquí, uno se empapa hasta el fondo y no hay quien se desprenda del olor.
A mí los nervios se me van al estómago y empieza a dolerme la barriga cuando no veo las cosas claras. 
Hay días en que me como el mundo y aún me queda hambre para más, hay otros en que me veo tan verde que sólo me queda el "hija, te tenías que haber hecho veterinaria y no periodista". 

Hay jornadas que se complican. Si lo piensas en frío, apenas hay más complicaciones que las que tú te pones por el camino. Por eso, la prueba de que estás poco espabilada es que de esas mínimas dificultades haces un mundo, vamos, que estar verde es igual a ahogarte en un vaso de agua.

El lunes fue uno de esos días. Las informaciones me superaban y el dolor de barriga se potenciaba. Una noticia no es nada hasta que no es noticia... Pero así no era la frase... Ah, ya: "Un periodista no tiene nada hasta que tiene algo".
No me hice periodista para "pasar a limpio" notas de prensa... Pero, ¿por dónde seguir? No sé. ¿En quién confiar? Tampoco. 

La sensación de que algo se te queda grande, el miedo a no dar la talla, a equivocarte en tus decisiones, las dudas sobre todo o sobre casi todo, como diría Camba. Esos son los días verdes, los de "no sé". 

Después pasa el tiempo, las horas van amainando el viento. No hay Levante que, más tarde o más temprano, no cese. Eso lo saben bien en Ceuta. 

Pero no sólo eso. Al final la autosuficiencia autocreída se desvanece, y has de reconocer que una mirada lanzada por encima de la pantalla del ordenador, de esas que te revelan que quien te la ha lanzado es alguien en quien puedes confiar, vale más que cualquier promesa. Hay energías que conectan. Y entonces esos días verdes empiezan a teñirse de amarillo. Contaba un escritor que amarillo define "a es esa gente que cambia tu vida (mucho o poco) y que quizá vuelvas o no vuelvas a ver". Pues algo así. 

Lo verde y lo amarillo entremesclándose, la obsesión con darlo todo, con vivirlo todo, en una profesión que te amarra porque te enloquece. Y, al mismo tiempo, analizando referencias, regateando abrazos, viendo esfumarse todas esas promesas que te hiciste, todas esas en las que te decías que lo controlarías todo, que nada se te escaparía de las manos...

martes, 17 de mayo de 2011

Benji


Un año imaginando ladridos. Ladridos que nunca dabas. 
Aprendí que a medida que crecemos son más falsas las monedas y más puros los instintos. 
Cambiaría a muchos humanos por estar cinco minutos más abrazada a tu pelaje. 
Te fuiste y nuestra playa se quedó vacía. Sé que ahora duermes -porque eras un dormilón- agazapado en las faldas de mi ángel de la guarda. 
Aquí, mientras, cada vez quedan menos almas y aparecen más vanidades. 
Sin ti, y sin ella, ya lo sabes, la vida importa menos.


jueves, 5 de mayo de 2011

"No podemos enamorarnos de los políticos"

A las puertas de empezar la campaña electoral
"No podemos enamorarnos de ellos, debemos desconfiar", así explicaba Seymour Hersh, periodista del The New Yorker,  la relación que los periodistas deben tener con los políticos.
Fue hace unos años, durante una conferencia en la que se analizaban varios aspectos del oficio periodístico. En aquella ocasión, Hersh se centraba específicamente a la relación que establecían algunos medios de comunicación norteamericanos con el presidente Barack Obama. Pero puede aplicarse a cualquier relación periodista-político, especialmente ahora que estamos a punto de comenzar la campaña electoral.

Hersh alertó a los periodistas sobre "la necesidad de estar prevenidos, de no creerse todo de antemano, de poner las palabras en sobre aviso; en general, de desconfiar de partida". Añadió que el periodista, a veces, "vive con su noticia una historia de amor, y ese no es su trabajo; el periodista no puede estar enamorado de lo que debe contar, debe basarse en la realidad de los hechos".

Por último, hizo un llamamiento a los jóvenes, a que no se dejen engañar: "Si no te gusta que te mientan, no mientas tú tampoco; en el periodismo son necesarias la honestidad y la integridad".