miércoles, 17 de julio de 2013

ABC&Rajoy ¿periodismo?


Hace mil años (no tantos, pero a mí me los parece), una profesora me dijo que había dejado el periodismo porque pasaba de ser el altavoz de los políticos. Confieso que no la entendí demasiado bien...

Estos días está en boca de todos la ética de un periodista de ABC (bueno, y del medio en general) a causa de una pregunta "pactada" con Mariano Rajoy. 

En resumen,y según recoge 223grados, esto es lo que pasó:
"Sólo dos preguntas. Ese era el máximo permitido a los medios españoles en la rueda de prensa conjunta que dio el presidente del Gobierno con su homólogo polaco al término de la cumbre de ambos países. Antes de esa comparecencia, los representantes de los diversos medios en Moncloa habían pactado quiénes iban a ser los dos compañeros que iban a formular las preguntas. Se decidió que iban a ser los periodistas de El Mundo y EFE. Sin embargo, finalmente no ha sido así (...) Una vez que ha dado comienzo el turno de preguntas, Rajoy le ha dado directamente la palabra a un periodista de ABC". Según cuentan, Rajoy leyó la pregunta cuya respuesta llevaba escrita....

Tengo la sensación de que no sabremos la verdad completa de esta historia. Cuánto hay de falta de ética periodística y cuánto de presión mediática y corrupción política. Pero creo que no es cuestión de criminalizar al redactor. Algo aprendí de cómo es el ambiente en ABC. Sé que hay grandes profesionales en ese medio y que lo están pasando mal, tan mal por otro lado como casi todo el mundo en esta profesión tan hermosa y tan maltratada. 

Quiero pensar que también hay políticos que merecen la pena. A alguno que otro he conocido que me ha generado confianza. Cubrir una campaña electoral ayuda a que te inyecten un poco de entusiasmo y confianza. Pero a veces peco de confiada... 

De lo que no tengo dudas es de que hay periodistas con mucha ética y muchos principios, como los hay que se venden a cualquier precio, a veces ni siquiera al mejor postor. Pero esos, por mucha carrera que tengan, no son periodistas. 

Pero esta profesión vale más que esa corrupción. 

Sí, esto conlleva que el periodismo vale mucho más que los medios en los que trabajamos. Que Pedro J. Ramírez y Bieito Rubido protagonicen una pelea por 'Twitter' no es más que una muestra de ello. Uno se siente impotente cuando, como periodistas, en los medios de comunicación nos amordazan, manipulan nuestras informaciones y las de los demás, nos levantan páginas, nos intentan guiar por el camino que más conviene a los editores, nos censuran.

Quizás ese periodista de ABC también se sintió impotente. O quizás no, no tengo ni idea. 

Pero ahora sí entiendo que el periodismo, como decía aquella profesora en Segovia, que dedicarse al periodismo no vale nada si consiste sólo en darle voz a los políticos. El periodismo es otra cosa, pero aún no estoy más que empezando a descubrirlo... Es algo de lo que saben los periodistas, pero de lo que no tienen ni idea ni los editores ni los dueños de las empresas mediáticas, pequeñas y grandes, de todo el país. 

lunes, 1 de julio de 2013

Esos becarios, que empiezan hoy

Verano de 2007, becaria en Huelva Información
Hoy es su día, el de los que están entrando como becarios...

Hace un rato me ha escrito Jorge para recordarme que un 1 de julio como hoy, de hace once años, empezábamos a trabajar en la televisión local de nuestra ciudad, en Teleonuba. Once años desde que entrábamos por primera vez de manera “profesionalizada” en este oficio del periodismo al que llevábamos “jugando” desde que éramos adolescentes. Aquella primera aventura televisiva a mí no me duró demasiado, a él algo más... Después hice de aquella afición mi vida y me licencié en Periodismo. 

Los siguientes 1 de julios eran siempre ansiosos y excitantes. Nuevas aventuras en ciudades diferentes; periódicos, webs, radios y televisiones que nos acogían para “explotarnos” como becarios, pero una explotación que nosotros asumíamos con un entusiasmo enorme. No importaba echar horas y horas, nos mareábamos de tanta emoción, de manera literal. Me recuerdo con los ojos y los poros de la piel muy abiertos, como una esponja empapándome de los compañeros veteranos, de los buenos, porque de los malos, que también los hubo siempre, sólo aprendí a haceme fuerte. Pero me quedé con los buenos, por supuesto, porque en esta profesión es imprescindible aprender de los que te preceden, de los que respetan y aman este oficio. 

Ahora, que ya no soy becaria, pero que aún sigo siendo una neófita en esto, soy consciente de que dedicar los veranos a hacer prácticas, en lugar de irte a la playa o dedicar el verano al 'dolce far niente' era comprometido, pero era también absolutamnete necesario e imprescindible. Y es que, como, esta mañana decía Luis del Olmo, en Los desayunos de TVE, “esta profesión te entra por las venas y ya no puedes prescindir de ella”.
Tuve muchos compañeros en la facultad que prefirieron irse a la playa, yo y muchos otros optamos por meternos en las redacciones, por patear las calles dándole alas a esas almas de periodistas. Por eso, cuando llega el 1 de julio, pienso en esos becarios que hoy estarán entrando, valientes, en los medios de comunicación. Es tiempo de aprender, pero también de que lo disfruten. Hoy es su día. Este es su verano.

viernes, 28 de junio de 2013

Es amor


Es amor. Pero no tiene nada que ver con esas canciones que se escuchan en la adolescencia ni con esas frases repetidas hasta la saciedad en las películas. Ni piedad ni cursilería. Ni siquiera amor son esos versos. No, ni siquiera.

Pero es amor. 
Así, con su simbolismo y su pureza, pero desnudo. 
Con el arrebato pero sin la filosofía. El amor no entiende de cines ni de celos, ni de escalones. 
Ni de convenciones sociales ni, por supuesto, de género. 

Es el mundo reducido a dos cuerpos. 
Es la piel erizada, la agonía.
Es el fin del mundo y la eternidad. 

No es la pareja, ni es el marido ni la mujer. Tampoco es el amante. 
Es la unión (in)visible y desgarrada, la que puede contra todos los miedos.

Después viene el engaño, las apariencias, la cotidianidad, el silencio, la presencia, la compostura, el aprendizaje, la vida. 
Eso ya no es amor. Pero lo otro, ese instante eterno e íntimo donde nada se quiebra, sí es amor.


lunes, 20 de mayo de 2013

No me imagino más feliz haciendo otra cosa



Siempre, desde que recuerdo, he querido ser periodista. (También, de manera simultánea, otras cosas como maestra de niños pequeñitos, veterinaria o actriz, pero por encima de todo y mucho antes de saber que era esto del periodismo, yo quería ser periodista). Como muchos de los que en esos años teníamos esa intención, yo también leía de adolescente historias de corresponsales, el Mujer en guerra, de Maruja Torres, las Cartas a un joven periodista, las historias de una corresponsal francesa que no recuerdo su nombre pero que me parecían fascinantes y otros del estilo; una vocación de periodista internacional que no ponía fácil mi poca mano izquierda con los idiomas, pero que crecía con las crónicas de conflictos bélicos del telediario. 
Sin embargo, no tardé mucho en preferir el periodismo local. (Tampoco tardé mucho en mejorar mis lecturas y mis referentes periodísticos). Me parecía más útil la información local, y más social, y más 'periodística'. Mis primeros escarceos en periódicos haciendo prácticas me dieron la razón. No había un periodismo más directo que el del cara a cara. Después descubrí eso de las “especialidades”: el periodismo económico, el cultural, el sanitario… No deja de ser todo lo mismo, la misma búsqueda. Cuando llegué a Ceuta ‘reportajeaba’ todo -y así me gané mi primera bronca-. Pero poco a poco, mis gustos volvieron a cambiar -más que 'gustos', lo que pasó es que empecé a aprender- y descubrí que no había periodismo más apasionante que la noticia 'pura y dura'. Nada de reportajes, de ruedas de prensa, de periodismo declarativo o endulzado… Si hay algo que he descubierto aquí es a disfrutar con el periodismo más esencial, ese que no tenía nada que ver con el Mujer en guerra, ni mucho menos con el Cartas a un joven periodista

Sin embargo, la obsesión de ser periodista también flojeó y, a veces, el entusiasmo, viendo el panorama, flaquea. Supongo que, a mi pesar, no todo es el periodismo. Y se cruzan otros mundos.... Otras veces pasa lo contrario, la cosa se pone interesante, o me dan un par de buenas lecciones, y vuelvo a emocionarme como nadie.  Supongo que soy más yo en esos momentos. Sé que no me temblará la mano al estampar la firma por muy comprometida y ‘antipopulista’ que sea una información y sé que el periodismo es importante y que hay, por encima de todo, que respetarlo. No me fío de los ‘periodistas’ que echan pestes sobre la profesión que ejercen ni de los que necesitan de su novio -o novia- para ir a cubrir algo más 'delicado'. 
Amo el periodismo, pero tampoco tengo muchas esperanzas en que la situación mejore y en que el periodismo pueda ser mi forma de vida. Sé que seré periodista siempre, lo ejerza o no, y sé que, efectivamente, es muy difícil imaginarme más feliz haciendo otra cosa. Pero…


Periodismo y propaganda


No tienen que dar noticias, sino educar a las masas”, dicen que les repetía Lenin a los periodistas durante la Primera Guerra Mundial. Ya lo decía Pio Baroja: “A una colectividad se le engaña siempre mejor que a un individuo”. La sociedad de masas neoyorquina de los felices años 20 marcó a una sociedad europea de principios de siglo que, recién salida de la primera Gran Guerra, se dejaba arrastrar por grandes ideas de uno y otro bando, siendo testigo de las mayores políticas totalitarias de la historia. En ese contexto alcanzó su madurez la propaganda política.



El término 'Propaganda' nació en la Edad Media, cuando la Iglesia se dedicó a propagar la fe y a vender salvoconductos para el cielo, pero sería con las guerras contemporáneas cuando la propaganda y el periodismo beberían de una única fuente: la política. Muchos periodistas procedían del Poder en un clima en el que la mayoría de los países europeos arrastraba censuras. Hasta las oleadas revolucionarias de 1848, el Gobierno pretendía mantener la imagen de aparente libertad informativa y los panfletos, octavillas y otros fugaces impresos se repartían entre la muchedumbre. A finales de siglo, algunas guerras (Crimea, Secesión, Franco alemana) habían estado ya en la mira de la prensa; la Guerra de Cuba fue el principal hecho mediático de la época (destacando el Hundimiento del Maine) y la Primera Guerra Mundial tuvo una amplia cobertura mediática. “Cuando empieza una guerra, la primera víctima es la verdad” aseguraría el primer ministro Winston Churchill, y la verdad se sacrificaría en respuesta a subir el ánimo de combatientes, lograr aliados o ahuyentar al enemigo. Así daría la propaganda sus primeros pasos.

La Revolución Bolchevique del 17 no apaciguaría ánimos sino que los impulsaría. Adolf Hitler, Benito Mussolini y Stalin serían, cada uno en base a sus ideas pero con las mismas formas, líderes carismáticos e históricos que sabrían manejar a las masas utilizando como arma la propaganda. Mensajes claros, repetitivos, sin derecho a réplica, contagiosos, con eslóganes, insigniasLa propaganda asumía los aspectos más simbólicos de la Publicidad y de la Psicología (Teorías como la de la Aguja Hipodérmica, de estímulo-respuesta, en lo que se llamaría Prop. Científica) que se alzaban como ciencias. Los Estados Totalitarios se convirtieron en un reflejo evolucionado de las monarquías absolutas de los siglos precedentes; el control de la información, en una prioridad.

Musolini monopolizó la información con el periódico Il Popolo d´Italia y la Agencia Stefani (hasta tal punto que en 1925, después de los decretos que estableció en los últimos años según los cuales, se multaban los medios que alteraran el orden público y obligaban al registro en el Ufficio-Stampa a los directores de periódicos, tan sólo permanecían abiertos, tres periódicos no fascistas: Il Mondo, La Stampa e Il Corriere della Sera). Los mismos propósitos albergaba Hitler, (En el 34 aprobaría la Ley de Redactores para establecer que sólo podían ser periodistas los pertenecientes al ideal de su raza aria) con la ventaja de contar con Hugenberg, el cual construyó un imperio mediático en torno al líder, que incluía desde cabeceras de periódicos hasta la productora de cine UFA. La Agencia DNB fue sometida al control estatal. Al igual que en la URSS la Agencia TASS y los periódicos Iskra y Pravda, herencias de Lenin, que aguantarían hasta la caída del muro de Berlín en el 89.

La figura del periodista en los Estados Totalitarios no se dejaba al azar, en un Congreso celebrado en Venecia en el 39, se recogía que la función del periodista consistía, desde ese momento, en colaborar con el Estado para construir la imagen de esta nueva Italia, y añadía que el periodista era “el vínculo cotidiano entre el Régimen y la masa (…). En los países democráticos el periodista es un profesional de la pluma, para nosotros es el portador de una fe, el soldado de un ideal”.

Los periodistas se dedicaban a transmitir las ideas del régimen, pero no sólo los periodistas, la propaganda abarcó todos los medios de la época, como se pudo comprobar con el Nacionalsocialismo alemán. Hitler lo había dejado escrito en su libro Mi lucha (escrito en la cárcel, en el 24) y contó para ello con el que se convertiría en el Ministro de Propaganda del III Reich (1933-45), Goebbels. En el Congreso de Nuremberg del 34, Goebbels se dirigía a las masas para destacar que en la Propaganda le hacía falta corazón y no fuerza. De ello dejaron constancia los documentales rodados por la cineasta Leni Riefenstahl (El Triunfo de la Voluntad, 1934 y Olympia, 1936). El cine fue considerado un importante modo de influir sobre las masas, herencia de los Nickelodeons de la sociedad de masas americana, fue visto como una experiencia colectiva, y por ello, considerado también como un arma mediática de masas. Riefenstahl dejó patente la comunión mística entre “un pueblo, un imperio y un jefe”, a un nivel profesional (incluyó pasarelas y travelling) que hizo imposible que, años más tarde, los norteamericanos manipularan la cinta en pro de negativizar el ideario nazi; pero además, el cine de la época sirvió para no sólo exaltar el ideario nazi, sino también los sentimientos negativos como el desprecio a los judíos.

También al otro lado ideológico, la izquierda aunó sus fuerzas para hacer arma propagandística a tal nivel que lograron el Estado Totalitario de mayor duración de la historia, siete décadas de servidumbres culturales y libertad engañosa entre el Octubre Rojo y, prácticamente, la era Gorbachov. En un país donde la tercera parte de la población era analfabeta, los medios de comunicación cumplieron la misión de divulgar la doctrina del marxismo-leninismo, trenes cargados de panfletos y carteles con Lenin retratado, amplias políticas de radiodifusión (se colocaron altavoces en las plazas), el nuevo cine soviético, manipulación de fotos (Desaparición de Trostki en las fotos cuando éste fue expulsado del partido)… Se creo en 1920 un Departamento especial de propaganda y agitación, el OSVAG, se crearon los Medios de Agitprop. Stalin, a la muerte de Lenin (1924) reforzó el potencial propagandístico del régimen soviético, presumía que la nueva Constitución de 1936 superaba a la de cualquier país del mundo en el reconocimiento de libertades. (Ya lo dijo Napoleón en la Revolución Francesa (1789): “La mejor política es hacer creer a los hombres que son libres”)
El país acotó la entrada de publicaciones extranjeras y se centró en hacer de los intelectuales voceadores del ideario comunista, muchos lo creyeron y expandieron, los que no, fueron arrinconados en el silencio y sus escritos “secuestrados” por el KGB. Un experto en desarrollar esta política de manipulación fue Willi Munzenberg.

La Propaganda logró su cometido, sólo hace falta mirar un poco hacia atrás para comprender cuánta razón tenía Goebbels cuando decía que lo único que había que hacer era “conocer las almas, saber tocar la fibra”, porque así “una mentira repetida mil veces, se convierte en realidad”.

('Recuperando' unos apuntes de Historia del Periodismo de la facultad, en estos días que están más vigentes que nunca)

lunes, 8 de abril de 2013

Maestros en las redacciones

Atardecer en Ceuta

Hoy me ha llamado un antiguo colega, un periodista al que admiré y escuché atenta cuando él andaba contando batallitas del ‘Prestige’ mientras yo intentaba entender a los gallegos, durante unas prácticas en La Voz de Galicia. Mi jefa de aquellas le contaba –después de que yo saliera excitada de una reunión de ‘primera’- que a mí me "hacía ilusión cualquier cosa" y él se burlaba de mí y de mi entusiasmo... Me encantaba aquel periodista. Y también alguno más de aquella redacción, me gustaban aquellos que se empeñaban en desmadejar la intrínseca gallega con los poros de la piel muy abiertos. Me gustaban los que ponían empeño y al hablar de periodismo los ojos se les hacían grandes y te contagiaban.

Hace un par de días, una amiga y compañera periodista me decía que no entendía por qué en esta redacción nuestra salimos tan tarde, que ella en otros periódicos, a las ocho estaba en casa. Me sorprendió porque en todos los diarios en los que he estado, he trabajado jornadas interminables, en todos se me ha hecho la medianoche tecleando en el ordenador... Pero no me importaba, tenía la ilusión intacta. Fui redactora en prácticas en Segovia, en Huelva, en Madrid y en La Coruña y no tuve la suerte de salir nunca a las ocho, pero me emocionaba tanto que no me importaba... A cambio, tenía una suerte, la de ir encontrándome con grandes profesionales. 

Me he cruzado con periodistas que amaban el periodismo y lo respetaban y que se sentaban a mi lado, al lado de la becaria, y te enseñaban y te contaban y te corregían y te llenaban las páginas de rojo y tenían una paciencia infinita contigo. He tenido la suerte de tener la posibilidad de aprender. Después, en cada uno está que tomes esa posibilidad y estés atento o que la dejes pasar... También he tenido compañeros pésimos y sobre todo jefes que me dejaron malas experiencias, pero a los malos, a los que hablaban mal de la profesión y la ejercían con rencor los he ignorado. Y aún así, también me enseñaron, me enseñaron a defenderme y a ser más fuerte. 

Era como los profesores. No soportaba a los que  te decían que no estudiaras periodismo, a aquellos que no creían en lo que estaban impartiendo. Tuve muchos de esos, pero los olvidé. Me quedé sin embargo con quienes me motivaron, con quien en cuarto de carrera compartió todo conmigo y me regaló el amor a una profesión que pese a todo sigue siendo la más maravillosa del mundo

Ese amor es el que después han compartido conmigo otros periodistas, ellos que a menudo desde pequeños rincones hacen grande cada día esta profesión. Igual es una persona o dos tan sólo a quienes destacaría de cada medio por el que he pasado  -también las redacciones están llenas de gente nefasta que perjudica a esta profesión-, pero por esa persona que en un determinado momento de mi aprendizaje me enseñó a valorar el periodismo es por quien merece la pena continuar creyendo en este oficio.

Ahora que los ERES y las prejubilaciones dejan las redacciones sin maestros, aún valoro más las posibilidades y las enseñanzas que he recibido en cada uno de los medios de comunicación por los que he pasado. Llevo pocos años en esto, pero ya hace ocho años que escribí por primera vez en un periódico sabiendo la responsabilidad que ese gesto conllevaba, ocho años desde que me presenté en una redacción con las ganas de aprender que -como no, sigo estando muy verde-, aún conservo.

Ya no soy aquella becaria. Hace dos años y tres meses que trabajo en una redacción y lo que ha hecho grande, lo que hace grande,  mi estancia aquí, en Ceuta, es a quienes he encontrado, quienes me enseñan cada día. Quienes con su ejemplo me animan a la perseverancia. Las redacciones sin ejemplos, sin gente a las que admirar y de las que aprender, no serían lo mismo, y eso deberían de tenerlo en cuenta quienes promueven los despidos. 

Yo no me canso de escucharles, de observarles y de aprender. Soy una periodista afortunada porque tengo a mi lado, compartiendo redacción y atardeceres, a los mejores maestros. Y por ellos merece la pena pelear y amar el periodismo. 

miércoles, 27 de marzo de 2013

El teatro y los amigos



Subió el telón. Nos colocábamos esas camisetas blancas en las que ponía ‘Día Mundial del teatro’ y jugábamos a ser otros. El teatro era amistad, las primeras. El taquillero hacía la vista gorda y nosotros, valientes e invencibles, nos creíamos que éramos muy astutos y que estábamos colándonos en las funciones para cuyas entradas no alcanzaban nuestras pagas de adolescentes. 

Mientras el telón permanecía subido, el mundo se paraba. El corazón se nos salía del pecho y reíamos y llorábamos como si nada más fuera de aquel 'Gran Teatro' importase. Después, excitados, prolongábamos nuestra salida de aquel edificio que en pleno centro de Huelva, nos atraía por su olor. A la salida, esperábamos a los actores -nuestras primeras y nada improvisadas entrevistas- y los atosigábamos diciéndoles que también nosotros hacíamos teatro. 

Y era cierto, tardes de ensayos en el 'Lazareto', de duendes y de confesiones que nos hacían cultivar una pasión pero al mismo tiempo engendrar una amistad a tres bandas que supimos inquebrantable con el tiempo. La vida sorprende, los amigos son muy pocos, algunos se hacen personas con alma a la par que tú, otros aparecen en un momento inesperado como un regalo, el mejor  regalo de la vida. A veces te decepcionan, y como canta Sabina, muerta la amistad, sabe igual que el fracaso. Hay traiciones y lamentos, pero también hay personas que miras a los ojos y sabes que estarán a tu lado para siempre, dándole sentido a la palabra amistad. 

Porque los amigos, los de verdad, te dan esa fuerza, la misma fuerza con la que nos comíamos el mundo cuando el telón bajaba y salíamos renovados y resucitados de esas obras de teatro que marcaron nuestra adolescencia. Y también -la vida continúa- los primeros años de juventud. Aquel 'Decíamos ayer', los encuentros, 'Las manzanas del viernes' con diálogos que aprendíamos de memoria, y hasta, años más tarde, la ESAD. El teatro como banda sonora de una vida en la que por aquellas (mucho más que ahora) tenía muy claras mis metas y mis pasiones, mi alma de periodista enamorada del teatro. 

Por todo aquello, cuando llega el 27 de marzo, me acuerdo de esos juegos compartidos, de aquel 'Gran Teatro', de aquella eterna Maricastañas... y me alegro de estar rodeada de cómplices, desde aquella adolescencia un poco caótica y muy diferente a la de otra gente de mi edad, una adolescencia de libros cuyos protagonistas se levantaban del papel  y se hacían vida. Porque el teatro, como la vida, como la amistad, necesita pasión y sinceridad.  

viernes, 8 de marzo de 2013

Mujer trabajadora


Ya no sé si no escribo en el blog -porque fuera vaya si escribo, tres páginas diarias- por falta de tiempo, por pudor -me estoy haciendo mayor- o por pura desgana; el caso es que -el archivo lo confirma- en lo que llevamos de año no he escrito una sola línea. El año pasado estaba más inspirada, y escribí de las mujeres que me enseñaban (8 de marzo, por las mujeres que admiro y por la mujer que soy) y del caso de tres mujeres que habían perdido su trabajo en la madurez (Tres mujeres trabajadoras despedidas). Curiosamente, a una de aquellas tres mujeres tuvieron que readmitirla después de que llevara el caso a los tribunales. 

Hoy retomo la palabra, pero más que inspirada, que no lo estoy, por las circunstancias, porque estoy en la redacción, como en aquella época de los 'minutos musicales nocturnos', aunque las cosas en esta redacción hayan cambiado mucho desde entonces. Pero bueno, sobrevivir, hemos sobrevivido, y el trabajo se hace lo "más dignamente posible".

Más que desgana, o falta de tiempo -que siempre he sabido sacar-, debe ser lo del pudor, el arrepentirme después de lo que he dicho o dejado escrito ahora que, nada era tan seguro como creíamos. Yo que siempre pensé que los años me darían certezas y resulta que lo que me dan son dudas. Tal como están las cosas, no sé durante cuánto tiempo más seré una mujer trabajadora, pero estoy orgullosa de haber tenido la oportunidad de haberlo sido. Y eso es gracias a un montón de mujeres que reivindicaron, a voz en grito y con acciones, cuáles eran nuestros derechos. Pero es gracias también a las mujeres que tengo enfrente, que me enseñan cada día, desde la mesa de al lado. 

A las mujeres, porque aún hay mucho por lo que soñar, al menos, mientras la lucha entre el bien y el mal no esté del todo perdida. Hay que ser agradecidos, porque tenemos mucho. Yo sé que tengo en mis manos muchas oportunidades. Pero hay que ser también reivindicativos porque a veces en la rutina diaria se nos evaporan los sueños y las ganas de defender nuestro papel, nuestra identidad, la de mujeres trabajadoras y la de mujeres libres.

domingo, 30 de diciembre de 2012

2012

El tren atraviesa el país desde este sur de la infancia al Madrid de las filias y las fobias, tan idealizado en la adolescencia, tan aborrecido años después y tan estimulante al mismo tiempo. El año 2012 va dando sus últimos coletazos... ¿por qué recordaré este año? Diré aquel año lo estrené haciendo un viaje a Alemania con mamá y con los amigos del alma, con los que no hacen falta palabras, con Ale y Cris. Hubo más viajes, Valencia con la familia, Ibiza con Àngela. Ella también viajó a verme, junto a Óscar, ambos compartiendo conmigo esta incertidumbre y pasión periodística que tanto nos condiciona, Marruecos siempre presente. Territorios para enseñar y otros para descubrir. Redescubrir es lo que hice también en Roma en un viaje con Tamara que fue muy especial y con el que se fue terminando el año. Los ùltimos días los pasaré en Madrid, previa pequeña escapada a San Fernando para celebrar las bodas de oro de mis abuelos. Pese a los disgustos previos fue un día muy bonito en el que creer en el amor. Lo malo, las ausencias ¿Qué más ha dejado 2012? Alguna pelea, fracasos, decepción... Hay personas con las que en un determinado momento de la vida compartes parte de ti, después esa vinculaciòn se rompe, ya sea por la distancia, por los conflictos o por la vida. Yo aprendí a querer mientras dura, sin rencores ni reproches. Algunos amigos se van quedando en el camino dejando atrás momentos compartidos que permanecerán en la memoria. Otros están más cerca y te acompañan y te arropan ante el frío de la vida. Con esos he podido compartir también horas de este 2012. Aunque supongo que puestos a recordar cuando piense con el paso del tiempo còmo era yo en aquel lejano 2012, Ceuta será lo primero que venga a mi mente, y como para entonces la memoria -siempre inteligente- ya me habrá hecho olvidar lo malo, me vendrán recuerdos de todo lo que aquel año aprendí cuando era esa periodista de local de El Pueblo de Ceuta y me vendrá a la cabeza la redacciòn, el mar, los cafés, la comida china, Chila, los amigos, la ternura. Aquel año yo vivía en Ceuta, diré... còmo pasa el tiempo...Así lo intuyo mientras el tren, como la vida, continúa avanzando... hasta reencontrarme con el enano y mamá y terminar así el año con la familia. Feliz 2013... y bienvenidas sus 365 nuevas oportunidades.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Los 80 son nuestros



Llegué a ‘Los 80 son nuestros’ emocionada con la idea de poder ver sobre el escenario a Lydia Bosch hace casi 25 años. Además, te cautivan desde la primera palabra Amparo Larrañaga y Luis Merlo que ya siendo unos veinteañeros con cara de niños apuntaban maneras de grandes. Pero si hay algo que me ha tocado es la obra en sí –por otro lado, como suele ocurrir con los textos de Ana Diosdado–, una historia que habla de la juventud, de los jóvenes de hace casi tres décadas pero sin perder apenas un ápice de actualidad, un texto dramático que visto con los ojos de hoy en día no puede dejarte indiferente. 
Ha cambiado el lenguaje –la jerga– y las drogas, probablemente, más tecnológicas en la actualidad, y ha cambiado el vestuario y la puesta en escena, pero la esencia, el discurso –como en cualquier historia de una escalera– sigue siendo la misma. La generación perdida a prueba de balas, la desesperanza ante la inactividad social.
Parásitos de la sociedad en los que nos hemos convertido, convencidos de que la realidad es inamovible, quejicas desencantados –y con razón– porque no nos han dado la oportunidad de la que nos hablaron. La contracultura. Una juventud agriada y cada vez más vieja. ¿Hasta que edad se es joven? El desencanto versus la necesidad de ser partícipes del cambio, del ansiado cambio en el que no sabemos ya si creemos. ‘Los 80 son nuestros’ me ha parecido una obra magistral.

-        Yo solo digo que somos privilegiados.
       ¿Privilegiados por qué? ¿Porque comemos caliente y nos enseñan trucos para escalar puestos? ¿Y si no nos gustan los puestos por los que nos hacen escalar? ¿ Y si no nos basta con comer caliente para tener ilusión por la vida? Para creer que esa mierda de vida merezca la pena. Y si cada mañana nos cuesta un trabajo espantoso levantarnos porque no sabemos a dónde nos llevan ni por qué nos llevan ni si vale la pena ir.

(Y ver a Lydia, por supuesto, es siempre un placer)

lunes, 29 de octubre de 2012

Arcoiris


Contradicciones que florecen en medio de la autodisciplina. Vender la verdad demasiada barata y edulcorada. Palabras que desentierran el rumor del mar. No por no decirlo en voz alta desaparece. Más bien se hace grande, se hace fuerte empujado por el miedo. Silencios atroces, susurros al viento.  Secretos bien guardados. Versos. Y de pronto un gesto atropellado, molinos de viento, reacciones repentinas y reveladoras. Si te dijera, amor mío, que temo a la madrugada. Querer demasiado duele. Pensar demasiado duele más. Protegerse de la atodefinición, de la crítica, de la exposición indiscriminada. Pero el tesoro no estaba en el fondo del mar, ni el mensaje se escondía en la botella. Dar rienda suelta. Demasiados bloqueos que lo impiden. Arcoiris que enseña el camino, pese al temporal. Dónde está...

jueves, 11 de octubre de 2012

Dulces sueños, Ana


He tenido buenos profesores. También los he tenido muy malos. Pero los que quedan en el recuerdo, los que te dejan huella, son los buenos. Entre estos, los he tenido incluso imborrables. Y los he tenido en todas las etapas de mi formación, desde el colegio hasta el máster. Hoy, una antigua profesora ha colgado en Facebook el mensaje de que una compañera suya de la facultad, profesora mía hace unos años, ha muerto. Ana María Vigara me dio clases de 'Uso correcto del español' en el máster de ABC. No me lo quito de la cabeza desde que me he enterado de su muerte. No sólo porque casi nunca te esperas la muerte y aún menos en alguien que era tan joven, sino sobre todo porque he conocido pocas personas con tanta vitalidad y energía. Era como una niña, siempre risueña, alegre. Así recuerdo sus clases, como una explosión de entusiasmo. Amaba la lengua y promulgaba que se utilizara con ese mismo amor, con la corrección que siempre enseñaba con ejemplos. Nos abarcaba, nos implicaba. Nos reuníamos alrededor de la mesa en ese 'búnker' nuestro sin ventanas y nos enseñaba algo que un periodista nunca puede olvidar: a hablar y a escribir buscando la excelencia, a hacer uso de una lengua tan rica como la nuestra con precisión. Pese a las prisas del periodismo local, cuando estoy a punto de teclear alguna información, siguen viniéndome a la cabeza muchas de aquellas enseñanzas y es gracias a ella.

Ahora que florecen las prejubilaciones, los despidos a los mayores de cincuenta, y que la enseñanza parece estar en peligro es necesario reclamar la figura de los maestros. No solo los educadores, sino todos aquellos que nos enseñan. Los veteranos que te ponen a prueba y que, sin pedirte nada a cambio, te sientan a su lado y te hablan, comparten, se comparten contigo. También los profesores que lejos de arrogancias te miran a los ojos y te enseñan a pensar, a tener criterio propio. Nunca se me han dado bien las memorizaciones. Sin embargo, todo aquello que me enseñaron con el alma se ha quedado para siempre conmigo. Dulces sueños, Ana.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Las chicas Gilmore

Las chicas Gilmore fue una serie estadounidense que se emitió entre los años 2000 y 2007. Aunque había visto algún capítulo de adolescente fue hace unos meses cuando estos capítulos llegaron a mis manos. Lorelai tuvo a Rory con 16 años y la serie comienza cuando la hija cumple esa edad. 
La serie aborda la relación entre la madre y la hija y sus experiencias de vida en un pueblo, Stars Hollow (Connecticut), donde todos los personajes son tiernos y excéntricos. Los amigos, los abuelos, los novios, las rupturas, el instituto primero, la universidad después, las ganas de Rory de convertirse en una gran periodista, el objetivo de Lorelai de montar su propio hotel, los sueños, las decepciones, las expectativas son algunos de los recorridos que hacen los personajes. 
Son siete temporadas en las que Rory deja de ser una adolescente dulce y estudiosa para convertirse en una joven un poco perdida en busca de sus pasos y su madre se pone al mundo por montera para lograr sus objetivos aunque no tenga la ayuda de nadie. 
A una buena trama se le suman unos diálogos alegres y muy rápidos y unas actuaciones impecables. Divertida, tierna, dulce, ágil y efectiva. Así, las chicas Gilmore me han acompañado en los últimos meses haciendo más ameno un final de verano que se ha hecho bastante largo, me he adentrado en la ficción para escaparme un poco de una realidad asfixiante. Connecticut podría ser un bonito lugar para explorar... Cualquier lugar, probablemente, sería en estos momentos un buen sitio para perderse...y avanzar.

jueves, 16 de agosto de 2012

Periodista de sucesos


Como una muñeca rusa, o una cebolla. Sólo en el fondo está la noticia, la esencia que te hizo amar esta profesión. Poco hay más emocionante que escribir un suceso. Pero poco hay también más difícil. Hay que despejar y llamar a puertas y discernir. Pero no basta, hay que despejar bien, llamar a las puertas bien y discernir bien. Lo demás son dudas. Y esa confusión provoca que de mil vueltas en la cama sin atreverme a preguntar. No tengo valor para escuchar las respuestas. La realidad choca con la utopía y resulta que demasiados intereses que se me escapan confluyen en cada capa de la dichosa cebolla. La responsabilidad de contar la verdad, de distinguir el grano de la paja, de poner en la balanza directrices, creencias, apegos y profesionalidad. Demasiadas tangentes que no entiendo. 
Un domingo desastroso -lo mío no es organizar-, un lunes de espejos rotos, un martes horrible y un miércoles para olvidar. Quizás debería haber sido enfermera, o maestra. 
Creo que he olvidado todo lo que aprendí en la asignatura 'Crimen y castigo'. No recuerdo qué matices te hacían llegar a la última muñeca rusa. La inexperiencia no ayuda, el carácter tampoco. Demasiados elementos en contra en un gazpacho emocional. Hoy no quiero ser periodista, por mucho que sea la profesión más bonita del mundo. 

jueves, 19 de julio de 2012

Ama lo que haces... o abandona


Mañana hay convocada manifestaciones por toda España en contra de los recortes de un Gobierno que quiere amargarnos la vida a todos. No se habla de otra cosa más que de la existencia ruinosa que llevamos, de la que cuando comienza a mejorar estaremos demasiado mayores -o muertos- como para disfrutarlas. ¿Qué queda si la vida no era como nos la contaron?

Los que sobrepasan los cincuenta años ven como todo lo que consiguieron se desmorona. Hoy decía la radio que desde primero de Economía se sabe que no se puede terminar de ahogar a alguien si lo que se quiere es salvarlo. Las nuevas medidas adoptadas por el Gobierno no hacen más que prolongar la agonía.
Cada cual ve la ruina desde su perspectiva, los que pierden lo que alcanzaron, los que lo rozaron tan sólo y los que no hemos llegado a ser conscientes de la vida. 
A los de mi edad -demasiado viejos para morir jóvenes, demasiado inmaduros para haber levantado nada sobre cimientos muy amueblados- no cesan de llamarnos la generación perdida. Crecimos entre algodones donde no sobraba nada, pero tampoco faltaba. No fuimos niños mimados, pero sí sobreprotegidos. Éramos conscientes de que costaba sudor y lágrimas cada gramo de confort, de ese que nos arropaba cada noche. Vimos a nuestras madres hacer malabares con las nóminas de clases medias y soñamos con ser, al menos, tan solventes como ellas. Estudiamos al arropo de unas familias que, como aprendimos en Sociología, ejercían de colchón ante las crisis. Estuvimos tan a 'la calor' que no supimos crear mecanismos de defensa para el día en que nuestros propios sueños se convirtieran en nuestra trampa mortal. 
Fuimos la generación de los pájaros sobrevolando nuestras cabezas

Pero llegaron los malos tiempos, la tan nombrada crisis, y nos pilló sobreformados, con carreras y máster a pares, pero sin ningún tipo de resistencia a la frustración. La mayoría, relegados al desempleo denigrante. Los pocos -afortunados-, explotados, ilusos y enjaulados. Nosotros, que íbamos a protagonizar el mundo y nos convertimos en la generación de confundidos, los idealistas de 'Ama lo que haces..o abandona'. Todo blancos o negros, sin los matices de las desilusiones. Ciclotímícos asustadizos. 

Cuando la crisis pase seremos demasiado mayores como para ser jóvenes y la oportunidad perdida, no vuelve. ¿Qué queda? ¿Manifestarse? ¿La palabra? ¿La agonía? ¿Amar... o abandonar?

lunes, 4 de junio de 2012

Debilidades de 'plumilla'



A veces los intereses -y pensamientos- se entremezclan, el oficio de escribir (sobre otros) se complica, las presiones -de un lado y del contrario- empujan en direcciones que no alcanzan ningún punto en común. La coherencia o la ausencia de lágrimas. Es difícil. No es fácil. 
Batalla de poderes. O individualidad. Decidir si arriesgar o no, o simplemente saber dónde termina la línea de la profesionalidad y empieza la de la ética. La fuerza frente a la debilidad. 

En las facultades de Periodismo no enseñan a tomar decisiones ni a hacer frente a las consecuencias. Supongo que crecer -profesionalmente hablando- es también perder peleas, agachar la cabeza y no encontrar el camino adecuado. 
Perderte en tu caos de periódicos y vida. 
Pensar, aunque sea por unas horas, que nada de esto que amas merece la pena; para empezar, porque no estás a la altura, o porque -tan fácil y tan complicado- no estás dispuesto a esforzarte por estarlo. Recordar mil citas sobre 'plumillas', pero que hoy ninguna encaje.

Tres horas después...
 Y la cita apareció. Siempre aparece, aunque sea por puro 'realismo mágico'.
"El periodista es una especie de hombre de confianza que explota la vanidad, la ignorancia o la soledad de las personas, que se gana la confianza de estas para luego traicionarla son remordimiento". (Janet Malcolm)
 Sólo que no siempre se traiciona, y esa 'no traicción' te convierte, supongo, en peor periodista. 


viernes, 1 de junio de 2012

Pudor


"En medio de la oscuridad de la noche, cuando por la calle no pasa un alma y no veo más ventana encendida que la mía, le digo a mi voluntad

—Déjame resistir una hora más. No debo irme a dormir sin dejar mi post colgado. ¿Un post es un apunte contable, una obligación contraída con un banquero moral, un telegrama al pasado, una botella con un mensaje lanzado por la borda de un barco de cabotaje al que ni la oscuridad ni los temporales detienen?"



Esta "declaración de principios" me hizo recordar que, a lo tonto, casi han pasado dos meses desde que escribí mi última entrada. Excusas tengo para llenar este tiempo: un cambio de casa, por ejemplo. Alguna que otra excursión en los pocos días libres y, sobre todo, como siempre, mucho trabajo. Otros lo quisieran, entre tanto paro. 

Pero el caso, que serían excusas. La verdad es que no he escrito por un ataque de pudor. Tras la última entrada de blog, fui consciente  -me hicieron ser consciente- de lo expuestos que quedamos al escribir; frágiles hasta el límite de que tus palabras y tus reflexiones pueden ser utilizadas por otros -de una manera rastrera- en contra de uno. 

Carecemos de pudor, y por ello, escribimos palabras 'subliminales', versos melancólicos, dudas eternas y 'estados' agresivos. Las redes sociales nos ayudan. Los amigos -contados por centenares- de 'Facebook' descubriendo tu intimidad a través de fotos que ya no guardas en álbunes privados. La soledad enfrentada a golpe de tecla. La privacidad devorada con un 'Me gusta'. Somos exhibicionistas, luchamos contra nuestros miedos 'colgando' nuestra cara más bonita. Perdemos el pudor para ganarle la batalla a la realidad.

Por eso, a veces no viene mal un ataque de pudor. Te ayuda, al menos, a ser más precavido, más astuto, menos ingenuo.


viernes, 6 de abril de 2012

La lluvia, la amistad y la Semana Santa


Llueve sobre mojado, desde hace tres días. La Semana Santa empezó gris, con vientos de batallas provocadas. Ha avanzado lenta, sin palabras, porque últimamente me faltan, y las que salen, sólo despiertan truenos y temporales.

Mañana no hay prensa en España. Afortunadamente para quienes tenemos que pasarnos los días de fiesta pegados a un ordenador y haciendo llamadas en las que sólo saltan los buzones de voz.

Hoy le he traído a mi gata Chila una compañera de juegos temporal llamada Tamy. Se han bufado en un primer contacto y no se han vuelto a dirigir las miradas. La gata visitante lleva seis horas escondida detrás del sofá, muerta de miedo. No se pueden imponer a los amigos. Sólo en climas de libertad se crean vínculos de confianza y complicidad. Primero hay que olerse, después viene la conexión, o no. La amistad y sus "complicaciones", pero también la amistad que hace más fácil la vida.

A finales de mes me escaparé unos días a Madrid. Me apetece encontrarme con amigos, ir al teatro, buscar libros que a Ceuta no llegan, pasear sin que nadie te conozca, desconectar un poco. Madrid es estupenda cuando sabes que sólo son unos días. Para vivir la detesto.


jueves, 8 de marzo de 2012

Tres mujeres trabajadoras despedidas


Ninguna de las tres tenían nada en común, excepto que trabajaban en periódicos. No se parecían en nada hasta que la crisis y los dueños de sus empresas les dieron la carta de despido. Las tres compartieron la misma sensación. Tienen más de cincuenta años, se habían dedicado a trabajar desde que eran niñas y se habían convertido en las representantes de esa primera generación de mujeres que ya no se tragaban el cuento de princesas y príncipes y habían sacado sus vidas adelante por sí mismas. Eran las mujeres de referencia, las que durante treinta años habían dicho con orgullo que ellas eran mujeres trabajadoras. Largas trayectorias profesionales a sus espaldas. Las mismos largos años que ahora sus empresarios utilizaban de cuartada para ponerlas en la calle con irrisorias indemnizaciones. Ya no les salían las cuentas. La crisis, además de real, era la excusa perfecta. 

La primera de ellas llegó al periodismo como secretaria. Se hizo imprescindible a medida que iba aprendiendo de un oficio que ni siquiera le había llamado la atención. Pero adoraba hacer entrevistas tanto como meter cizaña entre los que entonces no eramos más que becarios de verano. 
La segunda presumía de cómo había sacado adelante a su hijo mientras contaba batallitas de los años de la tele. Nadie sabía más que ella de entresijos y esperanzas. 
La tercera no pudo frenar las lágrimas cuando abandonaba la redacción a la que había estado acudiendo durante los últimos 17 años, el último de una serie de periódicos. Partía el alma. 

Tres mujeres que no tienen nada en común más que un pasado vinculado a la prensa. Más que una lucha por hacerse un hueco en un mundo que por aquellas aún era un mundo de hombres. Más que un despido pasado el medio siglo de vida. Más que la misma entereza con la que afrontaron dar carpetazo -por la fuerza- a carreras que aún no habían terminado. A las tres les gustaba dar 'consejos' a las nuevas generaciones.
Las tres han dejado a la fuerza de ser mujeres trabajadoras, aunque a sus años ya saben de qué va la película: son conscientes de que trabajar, aún fuera de las empresas a las que han dedicado media vida, van a tener que trabajar. Lo aprendieron desde niñas. Crecieron entendiendo muy bien que significa ser una mujer trabajadora.

miércoles, 7 de marzo de 2012

8 de marzo, por las mujeres que admiro y por la mujer que soy


Pocas veces he admirado a un hombre. Al menos contemporáneo. Mis referentes, por motivos obvios, siempre son mujeres. A ellos puedo amarlos, pero admirarlos me resulta difícil. Tiendo a verlos blandos, consentidos, egoístas, débiles. Soy consciente de que la educación recibida tiene un gran peso en mi visión de los hombres. Ellas, sin embargo, es más fácil que me inspiren admiración. Alguien dijo que soñar con la persona que te gustaría ser es despertar la persona que eres. Creo que es cierto y que por ello siempre he tendido a la observación primero y a la, si procede, admiración después. Mujeres que a lo largo de mi vida me han servido de ejemplo. Creo que las referencias son esenciales para un óptimo crecimiento.

Cumplo a la perfección aquello de ser la hija que terminó convertida en el reflejo de su madre. Como para casi todas las niñas, ella, junto a mi abuela, fue mi primer referente y sigue siéndolo hoy. Pero somos tan idénticas que en ella veo reflejada mi parte buena pero también mi parte mala. Como seres independientes, también muchas otras cosas nos diferencian. Por ello, y en esa búsqueda, desde niña he perseguido -casi con obsesión- esos escaparates en los que vislumbrar caminos a seguir, manos amigas que me guiaran. No será difícil, para quienes me han acompañado en mi crecimiento, ponerle nombre a esas mujeres, profesoras en la mayoría de los casos, por la sencilla razón de que al margen de la familia, es el entorno más cercano hasta que nos incorporamos al mundo laboral. Pensé, sin embargo, que al dejar la etapa educativa, la necesidad de buscar referentes decrecería. Me he dado cuenta, sin embargo, que tener ejemplos profesionales es igual de importante. Con la edad, eso sí, soy más selectiva en mis admiraciones. 

Creo que ser mujer es un privilegio. No significa eso que considere que somos superiores a los hombres. Tampoco soy una feminista, creo que es un término caduco si lo vemos desde el punto de vista histórico. Las mujeres podemos guiar el mundo -¿o alguien duda del poder de Ángela Merkel?-, pero es cierto que el camino batallado para llegar hasta donde ahora estamos ha sido mucho más complicado que el que han tenido los hombres. Celebrar el 8 de marzo significa recordar a todas aquellas mujeres que con sus pequeños pasos en el pasado cambiaron nuestro presente. Pero también creo en la necesidad del reivindicar el ‘Día de la Mujer’ porque estoy convencida de que aún queda mucho camino por andar hacia el respeto y la igualdad de oportunidades plena. Hace unos días leía que una gran parte de las mujeres periodistas abandonan su profesión al llegar a los cuarenta por temor a no poder conciliar su profesión con su vida personal. Una realidad que no sucede con los hombres. Mañana celebramos el 8 de marzo y quiero agradecer a esas mujeres, empezando por mi madre, y terminando por aquellas que tengo cerca y que saben que las admiro, que me sirven de referente; mujeres que, con sus actos, se convierten en ejemplos a seguir