Literalmente, sin tiempo para respirar. Pasa todo tan deprisa que no me da tiempo. No me da tiempo a escribir lo que quiero escribir, a cuidar lo que tengo que cuidar. A hacer las cosas que la gente normal hace. A poner lavadoras. A ver una película. A hablar con mis amigos. A dormir. A tener vida. Llevo hoy más horas delante del ordenador que en un día normal de redacción. Porque trabajo, precisamente, es lo que tengo acumulado. No asimilo. Necesito un kit-kat. Tampoco aquí tengo tiempo para escribir más.
La odisea de un viajero que estuvo
a punto de naufragar en la playa de La Ribera
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El navegante. Foto: Fidel Raso
*Cindy* es el nombre de su velero, pero también el de “una pequeña perrita”
que le acompañaba por sus viajes, mar a través, a...
Hace 4 semanas


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